Proyecto Escrituras Sagradas, Testimonios (parte 3)

Rosi

Roswitha Dueck de Giuliano

Traductora

Mis experiencias traduciendo el Cheon Seong Gyeong, Pyong Hwa Gyeong y Champumo Gyeong.

Antes que nada quiero agradecer a Dios y los Padres Verdaderos por este privilegio y la confianza de traducir las palabras tan preciosas de los Padres Verdaderos.

Lo primero que uno siente es cuánto le falta a uno para ser digno de semejante responsabilidad.

Durante las traducciones sentí la necesidad de orar constantemente para poder transmitir el corazón de los Padres Verdaderos expresado en estas palabras tan profundas.

Había momentos donde sentí un profundo arrepentimiento viendo de lo lejos que estaba de cumplir aunque sea en lo más mínimo lo que el Padre tan desesperadamente trató de transmitirnos.  También hubo momentos donde sentí una alegría y esperanza inmensa, tan fuerte que sentía un deseo desesperado de querer transmitirlo a los demás. (nos habían pedido no publicar nada de lo que traducíamos). De todas formas no había días que no lo compartía con mi esposo y los dos nos maravillábamos de la profundidad de ellos.

Tuve experiencias que cuando me sentaba en la silla para empezar a traducir sentía un peso inmenso en la espalda, me empezaba a doler tanto que me tenía que levantar. Hasta que me daba cuenta que el dolor no era físico y me ponía a orar para superarlo. Cuando me di cuenta que no era nada físico supe que Dios no quiso que me olvidara del gran valor que tenía cada palabra que estaba traduciendo.

Algunas veces pude avanzar rápido pero también hubo momentos donde estuve encima de un párrafo por horas tratando de entender que era lo que el Padre quería decir con esto. 

Siempre pudimos recorrer a la ayuda de los demás traductores que me ayudó mucho ya que ellos lo veían desde otro ángulo y así entre todos logramos la traducción correcta.

Yo durante todo este tiempo sentía que a pesar de la gran responsabilidad y el peso detrás de este trabajo, era el mejor trabajo porque era como hacer largas horas de HoonDokHae (llegué a traducir 10 horas sin parar en un día).

Una vez más quiero agradecer la confianza que me dieron. Aunque estoy consciente que no soy una traductora perfecta pero en cada traducción invocaba a mis mejores antepasados menonitas, especialmente aquellos que habían vivido en Canadá (por hablar el inglés), los que entregaron su vida a Dios, a que me ayuden a traducir. Siempre pude sentir su apoyo.

Espero que muchas personas puedan renacer y cambiar sus vidas a través de estas palabras tan preciosas.

Que el amor y la verdad de Dios y los PV los acompañen y los guíen siempre.

testimonio

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