Historias de los Padres Verdaderos para Niños (6)

El Muchacho que Nunca se da por Vencido

Cuando observan a Abonim pueden preguntarse cómo es que puede hacer tantas cosas. Comenzó simplemente como una persona que no tenía nada. Pero Dios le dio el trabajo más grande de todos, el hacer del mundo un lugar maravilloso. Seguramente esto debe haberle parecido como un trabajo imposible. ¿Cómo podía incluso soñar en hacerlo?

Una razón por la cual Abonim puede hacer tantas cosas es porque tiene una voluntad increíblemente fuerte. Cuando escuchan las historias de su niñez se dan cuenta de que esto es cierto. Una vez que se proponía hacer algo, nunca se daba por vencido hasta tener éxito. Así fue el caso de una noche cuando era un muchacho joven y vio las huellas de una comadreja en la nieve.

Abonim siempre ha estado muy interesado en la naturaleza. Conocía todo lo que había muchas millas alrededor su casa. Conocía a todos los animales, los peces y todos los tipos de árboles que había. Así, cuando vio las huellas de una comadreja sintió que sería muy emocionante perseguirla hasta alcanzarla.

Había luna llena y una gran claridad, pues la luz de la luna se reflejaba en la nieve. Lentamente, el muchacho se arrodilló y tocó las huellas grabadas en la nieve. ¿A qué distancia estaría la comadreja? Las huellas eran frescas, así que no podría estar demasiado lejos. Levantó la vista y se imaginó que la comadreja le podría estar mirando en la obscuridad.

Pausadamente, comenzó a seguir las huellas. Desaparecieron debajo de una mata, así que caminó alrededor de ella. Sí, allí aparecían de nuevo por el otro lado y se dirigían hacia un arroyo cercano. Siguió las huellas hasta el borde del agua y allí las huellas se desvanecieron nuevamente. Buscó en ambos lados del arroyo, pensando que quizás la comadreja había cruzado al otro lado. ¡Pero nada! Las huellas no estaban allí. Continuó mirando por todos lados.

Muchos hubieran abandonando la persecución en aquel momento, sintiendo que la pista se había perdido para siempre. Pero una vez que Abonim comenzaba a hacer algo, lo seguía hasta el fin. Finalmente, encontró las huellas a cierta distancia río abajo y continuó siguiéndolas de nuevo.

Adondequiera que las huellas iban, Abonim las seguía. Por mucho que la pista se torciera y diera la vuelta, siempre iba tras ella. Si las huellas cruzaban algunas rocas y se perdían, Abonim buscaría alrededor del borde de cada roca hasta que encontraba donde continuaban de nuevo.

Eran ya las tres de la madrugada y Abonim estaba muy lejos de su casa. Cruzó por su mente el pensamiento de que debería abandonar la búsqueda y volver. ¡Pero no! No había atrapado aún a la comadreja. ¡Debía continuar! Entretanto, la comadreja había estado observando a Abonim y preguntándose quién era aquel muchacho que le seguía con tanta determinación. ¿Por qué no abandonaba la persecución? El animal, cansado y escondido en otro grupo grande de rocas, dio un giro brusco y fue hacia el norte. Se dirigió a un arbusto que estaba en el borde de las rocas y se ocultó. Ciertamente, se sentía seguro ahora. Pero, al mirar hacia atrás, observó a Abonim que se acercaba.

El muchacho no estaba desconcertado cuando la pista cruzó las rocas. En vez de esto, continuó buscando en cualquier trocito de tierra o cualquier ramita rota, algo que indicara por donde el animal podría haber pasado. ¡Ajá! Había rasguños en el borde de una de las rocas donde la comadreja había resbalado y se había encaramado de nuevo. La pista se dirigía directamente hacia aquél arbusto. Abonim avanzó de nuevo.

¡La comadreja salió corriendo! Ahora la persecución se convirtió en una batalla de ingenio. La comadreja desesperadamente trataba de engañar a Abonim. Giró sobre sus pasos, marchó en la dirección contraria durante un trecho y se ocultó de nuevo. Abonim siguió la pista hasta que se interrumpió de repente y miró su alrededor. Pero, supo al instante lo que había sucedido. Dio la vuelta y comenzó a seguir la pista al revés, buscando el lugar donde las huellas de la comadreja dejaban la pista. ¡Sí! ¡Allí estaba! El muchacho corrió hacia adelante y la comadreja, saliendo del lugar donde se ocultaba, se escapó nuevamente.

El cielo se empezaba a aclarar por el este y Abonim pudo ver que estaba cerca de la aldea vecina. La persecución había durado seis o siete horas. Ahora, Abonim con la luz podía ver la comadreja con más claridad. La comadreja estaba exhausta y había perdido toda esperanza de escapar. Entonces se encontró cara a cara con el muchacho, pero estaba demasiado cansada para escapar. Rápidamente, el muchacho corrió y tomó a la comadreja. ¡La persecución había acabado!

Pero Abonim amaba a los animales. Su persecución había sido motivada por la curiosidad y la determinación. No tuvo la intención de lastimar a la pobre comadreja. En vez de eso, la acarició con cariño. Entonces, suavemente colocó la comadreja en el suelo y la dejó ir.

Abonim visitó la aldea vecina. Tenía hambre. Entró en una casa y le pidió a su dueño que le diera algo de desayuno y luego comenzó su larga caminata de vuelta a casa.

¿Cómo Abonim es capaz de conseguir tantas cosas? Una razón es que nunca se detiene hasta lograr el éxito. Una vez que decide una meta, no cesará de esforzarse hasta cumplirla. Abonim tiene este tipo de naturaleza. Nunca se da por vencido.

Fuente

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