Historias de los Padres Verdaderos para Niños (5)

Abonim y los pajaritos

 

Era muy temprano por la mañana. El sol aún no se había levantado. Todavía era un poquito oscuro. Los primeros pájaros comenzaban a cantar sus canciones. Muy pronto, cada vez más pajaritos se unían a ellos formando un coro maravilloso.

Abonim estaba seguro de que no sólo cantaban, sino que sus canciones estaban llenas de significado — Quiero entender su lenguaje — pensó Abonim — ¡No volveré a casa hasta que lo consiga! —. Entonces,

se subió a un árbol muy alto que le gustaba mucho a los pájaros. En aquel árbol había muchos nidos. Parecía que era el árbol preferido de los pajaritos.

— ¿Cantan porque están alegres? ¿Qué es lo que los hace estar alegres? ¿Es la luz del sol al amanecer, o el poder volar por los aires sobre las olas del viento? ¡Oh, debe ser un sentimiento maravilloso! ¡A mí también me gustaría poder volar, cabalgar sobre el viento y mirar todas las cosas desde todo lo alto! ¡Qué fascinante debe ser! ¿Es esto lo que los hace más feliz? ¿O será dar de comer a vuestros polluelos? ¿Será, quizás, las canciones que se cantan unos a otros?

Abonim se hacía estas preguntas cuando estaba sentado en lo alto del árbol con los pájaros, escuchándoles y observándoles. A medida que pasaba el tiempo, Abonim se hizo amigo de ellos, así que ya no huían de él. Parecía como si sentían el amor y la admiración de Abonim.

Comenzaron a hacer más acrobacias en el aire, y a cantar y piar sin parar. Era como si estuvieran actuando para Abonim — ¿Hacen esto solo para mí? ¿Es esto lo que los hace más feliz? — pensaba Abonim.

— ¿Es ser amado por las personas? Claro, ¿de qué otra manera podrían sentir el amor del Padre Celestial sino es a través de mí? ¡Si, debe ser esto! Lo que los hace más feliz es ser amados por las personas.

El sol se estaba ya ocultando, lanzando sus últimos rayos dorados sobre las colinas. Abonim se había olvidado del tiempo. ¡Se había pasado todo el día subido en el árbol! Ahora era el turno de Abonim. Con todo su corazón comenzó a silbar una canción para ellos. Era una canción tan hermosa que los pájaros se quedaron callados, disfrutando muchísimo posados en las ramas uno al lado del otro.

Cuando Abonim acabó, descendió del árbol mientras los pajaritos hacían un gran alboroto piando muy fuerte. Era como si le dijeran a Abonim — ¿Debes irte ya? ¡Por favor, vuelve pronto!

Abonim se sintió muy conmovido en su corazón por los pajaritos.

— Si, ahora sé que es posible comprenderles — pensó Abonim.

Fuente

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