Historias de los Padres Verdaderos para Niños (2)

Abonim nace en una pequeña granja de Corea del Norte

 

Hubo algunas señales espirituales antes del nacimiento de Abonim, y su familia tuvo sueños acerca de su grandeza venidera. Hemos oído que ocurrieron algunos sucesos milagrosos. Basándonos en esta información escribimos este relato. No debe ser tomado al pie de la letra. Es un relato hecho para expresar el sentimiento que circundaba su nacimiento, el ambiente en Corea… un relato de cómo podría haber sucedido.

Al amanecer el horizonte se volvió rosado en Chonju, provincia de Pyongan Buk Do. La anciana mujer apartó la colcha pesada de su lecho y estiró sus brazos. Sus nietos la llamaban Jalmoni (abuela, en coreano) El suelo estaba aún templado porque las piedras que había debajo todavía mantenían el calor de la noche anterior. Pero el aire invernal era helado y el aliento, al salir, casi se congelaba al instante. En la oscuridad, brillaban los cristales de hielo que había en los bordes de las ventanas de blanco papel aceitado.

A pesar de su edad, ya estaba bien despierta. Era coreana, y los coreanos estaban orgullosos de sus feroces inviernos. Se puso una falda acolchada blanca que le llegaba a sus tobillos. Luego, una blusa blanca de algodón y una chaquetita bordada en púrpura con pequeños bolsillos. Se calzó con unas zapatillas que parecían como pequeñas canoas con las puntas levantadas. Finalmente, se puso un largo chaquetón de piel, atándoselo con un cordel. Abrió la puerta de papel y salió afuera. Atravesó el patio de la granja dirigiéndose hacia la pila de leña, con sus arrugados y finos dedos metidos debajo de sus brazos para guardarlos calientes.

La pila de leña era una torre en forma de pirámide de palos y madera cortada, tan alta como la casa. En el establo, que estaba al lado, el gallo empezó a cantar y los demás animales comenzaban a despertarse. Tomó un generoso montón de palos y se volvió hacia la pequeña casa. Dentro de ella, las tres niñas pequeñas estaban ya despiertas. Se apresuraron para tomarle la madera a la abuela y comenzaron a hacer fuego en el hogar de la cocina, para preparar el arroz del desayuno.

— ¿Dónde está el kimchi? — preguntó la abuela.

— Iré a buscarlo, Jalmoni — dijo la niña más joven. Se puso las botas de fieltro gris de su padre y fue rápidamente a buscar una porción de kimchi de una gran vasija que estaba semienterrada en el patio.

Entretanto, en la habitación de al lado, Jarabochi (Abuelo, en coreano) estaba ya de pie y vestido. Llevaba un pantalón azul bombacho atado a cada tobillo y una camisa blanca de mangas anchas, con cordones en vez de botones y, como

Jalmoni, vestía una chaquetita con bolsillos pequeños. Tenía una cara redonda, con largos bigotes, barba blanca espigada y sin ningún pelo en lo alto de su cabeza.

El hijo de Jarabochi, el granjero Moon, era el padre de familia. Estaba hablando cariñosamente con su esposa que se encontraba encinta. Acababa de levantarse de la cama. La miraba con preocupación, pues el bebé nacería pronto.

Su hijo mayor, que aún era muy joven, entró en la habitación, se inclinó con respeto ante sus padres y con diligencia recogió las colchas y las esterillas. Colocó una mesa baja, que estaba apoyada en la pared, en medio de la sala y puso cojines alrededor de ella. Jarabochi entró y se sentó en la mesa con su hijo, el Sr. Moon, mientras una de las niñas traía una gran tetera cobriza de humeante té de cebada.

— Padre — dijo el Sr. Moon — mi esposa dice que el bebé nacerá esta noche — al mismo tiempo que servía el té en pequeñas tazas color esmeralda. Jarabochi saboreó su té. Jalmoni entró portando una bandeja con tazones de arroz y kimchi.

— Dice que nacerá esta noche — le dijo Jarabochi. Ella sonrió y salió apresuradamente de la habitación. Después de quedarse solos degustando el arroz y el kimchi, Jarabochi le dijo a su hijo — Puedo ver en tu cara que tienes otra cosa que contarme.

— He tenido dos sueños esta noche — dijo el Sr. Moon. Jarabochi cerró sus ojos para mostrar que prestaba toda su atención. Todos sabían que podía interpretar el significado de los sueños.

— En el primer sueño, vi un gallo dorado posado en la tumba de nuestros antepasados. Era de noche, pero el gallo estaba cantando y no paraba de cantar. En la tumba se quemaba incienso y había un rollo de papel atado con un lazo. Entonces, vino Confucio, abrió el rollo de papel y pude ver que estaban pintadas en el papel las seis líneas Yang. Luego me desperté. Sin vacilación, Jarabochi dijo — Las seis líneas Yang significan que el bebé va a ser un niño y, si vino Confucio, ¡significa que el niño llegará a ser un santo, un hombre verdadero! — Hizo una pausa. Luego, con una voz temblorosa, dijo — ¡Esto es realmente notable! El hombre verdadero es muy sabio, generoso y vive por los demás.

— También — continuó Jarabochi — cuando el gallo canta al amanecer, significa que todos los espíritus malos deben volver a los abismos para escapar de la luz del día. Pero, cuando canta de noche, quiere decir que el Cielo ha ganado una victoria. Significa que ha nacido un santo.

— Mi otro sueño era incluso más impresionante — dijo el Sr. Moon — soñé con el Dragón Brillante del Cielo.

Jarabochi dio una palmada sobre la mesa — ¡Esto es increíble! — dijo sorprendido — No he oído nunca que alguien haya soñado con el Dragón Celestial.

— Pero es cierto, padre. Fue un sueño muy claro — insistió el Sr. Moon.

— Bien, entonces, no interpretaré este sueño — dijo Jarabochi — Debes consultar con la Mudang. Puede que el Cielo quiera decirte algo. Ella lo sabrá.

Así que aquella mañana, después de alimentar a los animales, el Sr. Moon preparó un talego de arroz para llevárselo a la Mudang. Se puso su ropa blanca, las botas de fieltro grandes y su sombrero de pelo de caballo. Sólo se ponía este sombrero en ocasiones muy señaladas. Estaba hecho de pelo de caballo y pintado con la laca negra, para que se quedara rígido. Tenía forma de un cono, plano en lo alto, con una visera ancha y redonda. No se colocaba realmente en la cabeza, sino que se posaba sobre el pelo y se sujetaba con una cinta de seda negra atada debajo de la barbilla. El Sr. Moon parecía un hombre sabio cuando se ponía este sombrero.

Para la gente de las pequeñas aldeas campesinas, la Mudang era como un doctor y un sacerdote. Cuando alguien se ponía terriblemente enfermo, ella lo curaba con sus hierbas. Cuando tenían problemas con malos espíritus, los echaba con sus cantos, bailes y amuletos. Podía leer también el futuro como si estuviera leyendo un libro. La Mudang vivía en un mundo donde el mundo del espíritu y el mundo físico estaban juntos. Todo tenía un espíritu. No solamente los animales, las plantas y las personas, sino también las ollas y cacerolas, las lámparas de aceite, las piedras y el viento que surcaba entre los árboles.

Todo tenía algo que decirle a ella, porque sabía cómo escuchar. El Sr. Moon llegó a la casa de la Mudang. Estaba un poco nervioso cuando llamó a la puerta. No hubo ninguna respuesta. Llamó nuevamente. Luego la abrió un poco y dijo en voz alta — ¿Mudang, estás en casa?

— Entra — respondió la Mudang. Mientras se quitaba sus botas, vio que estaba sentada en el suelo detrás de una mesa baja. Sobre la mesa había una pila de huesos de tortuga, un bol de agua y otro de sal. Tenía el pelo recogido en un moño en lo alto de la cabeza. Él le explicó sin rodeos el asunto que le traía.

— Anoche soñé con el Dragón Brillante del Cielo — le dijo.

Ella se quedó por un momento en silencio, con los ojos cerrados, escuchando. Finalmente, asintiendo con su cabeza, dijo despacio, con una voz temblorosa — Hay una antigua leyenda coreana que relata la historia del primer hombre, Taegun. Tu sueño nos dice que ahora, después de todos estos milenios, Taegun, el Hombre Verdadero, nacerá en tu casa.

Levantó sus cejas sorprendido, pero podía ver que ella hablaba bastante en serio. No hizo ninguna pregunta. Parecía que había terminado de hablar, así que respetuosamente le dejó el talego de arroz y se inclinó. Se puso con rapidez sus botas y se dispuso a salir de su casa. Cuando salía por la puerta, oyó su voz — Vendré a su casa para la ceremonia de ofrecimiento dentro de ocho días.

— ¿El Hombre Verdadero? ¿Taegun? ¿En mi casa? — pensaba el Sr. Moon, mientras caminada en el silencio. Todas estas cosas eran demasiado para él. Aquella noche, nació el niño.

Cuando había un nacimiento, las mujeres se hacían las dueñas de la casa. Echaban a los hombres fuera del dormitorio y se apresuraban para ayudar a la madre. Al Sr. Moon y a Jarabochi no les importaba retirarse a la cocina. Se sentaron cerca del fuego del hogar y jugaron al Ma Jong, un juego de cartas. El nacimiento era una parte natural de sus vidas y ellos habían presenciado muchos nacimientos, de hombres y de animales. Sin embargo, ambos sentían que éste era muy especial. Era difícil concentrarse en el juego. Finalmente, el granjero Moon dejó las cartas y se inclinó contra la pared pensativo.

— ¿Y si fuera una niña?

De repente, se oyó el llanto de un bebé, seguido por los gritos felices de las mujeres y las niñas.

— ¡Es un niño! — gritaron ellas a los hombres llenas de alegría. En una familia de tres hijas y un hijo, esta era una buena noticia. Pero, para los dos hombres, tenía un significado más profundo.

El Sr. Moon rápidamente se puso de pie y fue a la otra habitación para unirse a la alegría general. Vio a las mujeres y a las niñas que pasaban con las caras resplandecientes. Su esposa le sonrió. Ella bajó la mirada hacia la carita de su hijo.

— Lo llamaremos Yong Myung — dijo sosegadamente. Yong Myung significa “Dragón Brillante”

Jarabochi se quedó sentado pensando sobre todo lo que había sucedido en ese día. Su nieta entró en la cocina, pidiéndole que viniera también. Él le dijo que no con la mano y se puso de pie. Abrió la puerta de papel y salió afuera en el aire helado de la noche.

Era el 6 de Enero de 1920, según el calendario lunar. El reflejo de la luna brillaba sobre la delgada capa de nieve. El aire estaba lleno de una luz plateada. Un sentimiento de paz y buena voluntad parecía resonar en sus oídos. Parecía que Jarabochi se elevaban hacia el Cielo con sus pensamientos. Vio una estrella especialmente brillante y susurró —Gracias.

En la lejanía, en el arrozal, que resplandecía con la luna, un gallo comenzó a cantar. Más adelante, el Padre Celestial le dio la dirección a Abonim de que se cambiara el nombre a Sun Myung Moon. Moon significa Verdad; Sun es un símbolo de los cristianos; Myung significa Luz. Así, su nombre, Sun Myung Moon, significa “La Luz de la Verdad ha venido a los Cristianos”

Fuente

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3 thoughts on “Historias de los Padres Verdaderos para Niños (2)

  1. este trabajo es grandioso, gracias por enviarlo lo compartiremos con nuestros niños de nuestra tribu y del vesinario. que los padres celectiales los benigan.

  2. que linda historia gracias por compartirla un abrazo de un chileno que vive en colombia y es miembro desde el año 1982

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