El dolor de extrañar

Escribe desde Mar del Plata, Argentina

Ricardo Gómez

La Ceremonia nos conmovió a todos. El Estadio estaba preparado a la altura de las circunstancias, cada detalle superaba lo esperable. Ese era el lugar donde el Cielo tenía puestas todas las miradas. Nuestras miradas también estaban allí, por un momento fuimos como chicos observando una obra teatral, por un instante en nuestras vidas volvimos a ser inocentes.

Todo salió como lo esperado. Imaginamos que cientos de hermanos y hermanas le dedicaron muchas horas a la organización de semejante evento. Todos ellos invisibles para nosotros, pero no para los Padres Celestiales y los Padres Verdaderos del Cielo, la Tierra y la Humanidad. Su trabajo seguramente quedará para la eternidad, como toda la Ceremonia.

La Madre lucía tan sólida, tan preparada para hacerse cargo de la tarea de seguir adelante con la misión de extender el Reino a toda la Humanidad. Estaba brillante, irradiaba una luz y una energía que llegaba hasta los rincones más alejados del planeta. Incluso nosotros, a miles de kilómetros de Corea, pudimos sentir su energía y determinación.

Pero algo faltó. Quizás sea la costumbre, quizás nuestros ojos están demasiado acostumbrados a verlo al lado de la Madre, quizás por eso sentí un vacío enorme en el pecho. Lamenté enormemente no haber tenido la capacidad, la sensibilidad para verlo. Porque obviamente estaba allí, ¿dónde sino? La limitación fue mía, y nunca me dolió tanto. Extrañé tanto sus gestos, sus miradas cómplices hacia nosotros, sus intentos por incomodar a la Madre mientras ella se esforzaba por entonar alguna canción. Tantas cosas. Nos acostumbramos tanto a verlo allí, tan firme, tan Padre de todos.

No será sencillo esto. Sé como todos que él está allí, y que podría estar aquí mismo, a mi lado, si tan solo yo tuviera la sensibilidad para sentirlo. Por ahora no, y eso me llena de pena. Añoro el día en que volvamos a verlo dar sus charlas, hacernos preguntas, cantar y mover sus manos como saludándonos. Habrá que trabajar para que ese día no se prolongue en el tiempo.

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7 thoughts on “El dolor de extrañar

  1. Yo sentí lo mismo. Gracias por hacerme entender que es mi incapacidad de ver mas aya de lo físico que no me permitió verlo.

  2. Así es hermano sin duda alguna, yo también, siempre que la miro sola caminado ahora en estos últimos meses hablándonos dirigiéndonos las palabras del cielo se que Él esa allí, seguro esta allí y como usted también mis ojos no pueden verlo y entonces el corazón se me encoje.
    Gracias por sus palabras y su trabajo!

  3. oh padre sinto tanta tristesa sem el padre sinto q madre sola no puede no sei sinto q la precencia de padre era tan fuerte solo en sentir su mirada tenia q salir adelante sinto como orfana agora no sinto tan fuerte la presencia de madre

  4. estamos todos en el mismo sentir padre verdadero del cielo y de la tierra te extraño y cada dia tu e das fuerza para seguir tu camino de perfeccionarme y de ser más dispuesta a esforzarme y hacer todo lo tuyo
    LUZ MARINA AYALA FAJARDO
    COLOMBIA

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