Algunos apuntes sobre narcisismo

Escribe desde Argentina:

Licenciada Mirta Zangaro de Moisano(*)

Lic. Mirta Zangaro de Moisano

Cuando el enfant llega al mundo no lo hace en las mejores condiciones, condiciones que le permitan comprender ese mundo del que en esa confusión de ruidos, objetos, luces etc., quizás él sea parte constitutiva físicamente pues desconoce aún cuáles son sus límites, dónde comienza y termina su materia, qué es él, quién es él, ese sentimiento oceánico donde todo es uno y uno es todo.

El cachorro humano ha de progresar, ha de identificarse, ha de diferenciarse del todo, ha de aprender a amarse y cuidarse, todo… a través del Otro. Es la madre o un sustituto quien por símbolos dados en el tono de voz, en la caricia, en la mirada y en cada actitud que tenga hacia el niño, ha de ir narcisizándolo, libidinizándolo, con lo que él comenzará a dar ese gran salto que hay desde el autoerotismo al narcisismo, donde va aumentando los principios de su identidad, donde la forma de implantarlo lo acompañará a lo largo de su existencia brindándole autoestima y confianza para su relación con la sociedad si la madre ha actuado con sabiduría.

En caso contrario, por mucho o por falta, habrá colaborado en conformar una estructuración psíquica con ciertos trastornos en el futuro que no le permitirán una buena respuesta del entorno, aunque el sujeto no muestre interés más que por él mismo.

Esta capacidad del narcisismo también los originarios, o sea los parentales, la utilizarán para que el niño aprenda a amar el espacio que habita con sus mayores, para que busque que ese lugar progrese, para que colabore en embellecerlo y amarlo y comprenda que la casa es el reflejo del interior de cada uno de sus habitantes, que ese lugar tiene su historia, la historia de todos en ese clima que se extiende en cada rincón.

La falta de narcisismo en una casa, quita la idea de hogar para simplemente pasar a ser un inmueble. Son lugares en donde los ocupantes están lo indispensable, pero no representan el centro de encuentro de la familia, hay muy poco trabajo casero que demuestre el interés de los moradores, y generalmente si no hay medios se la observa con deterioro evitable, y cuando los hay, su aspecto es frío, pues todo es hecho y elegido por otros desde los cimientos hasta la menor ornamentación.

Sin caer en conformar una familia aglutinada también es necesaria cierta cuota de narcisismo y libidinación como para que la familia pueda siempre compartir gratos momentos de ocio. Esta situación es cada vez más difícil pues en esta postmodernidad la sociedad familiar ha perturbado sus reuniones ya que se tiene la PC personal y cada miembro tiende a utilizarla individualmente y no comparten el mismo espacio.

En muchos aspectos de la vida diaria ponemos de manifiesto esa seguridad narcisista que nos de conformidad, la autoestima necesaria y responsable como para emprender la tarea pues si yo no me quiero, no me considero segura hacia lo que voy a emprender, no tengo entonces asumida ninguna responsabilidad frente a ello. No trata este tema de egoísmo ni de humildad, sino de tener la capacidad de quererme y respetarme como ser humano, sin cuya existencia no podría querer ni respetar al Otro.

(*) La autora es Licenciada en Psicología, Embajadora por la Paz y Escritora marplatense

Fuente

Ricardo Gómez ricardomardel@yahoo.com.ar

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