Que se queden todos

Escribe desde Argentina: Ricardo Gómez

Luego de tantos vaivenes, de tantas profecías no cumplidas, de tantas especulaciones agoreras, finalmente llegó el 10 de diciembre. Y con esa fecha comenzó el segundo mandato de Cristina Fernández, el tercero consecutivo de la era kirchnerista. Para muchos fatídicos personajes este era un panorama impensado, inimaginable. Algunos no solo no quisieron imaginar esta fecha, sino que operaron cada día, usaron toda las posibilidades que tuvieron a mano para que esta fecha no se hiciera realidad. A pesar del antipatriótico esfuerzo empleado, ese día llegó, y lo que muchos creyeron imposible se hizo realidad.

Quizás por conocer los pormenores de tanta zancadilla mediática y política para con Cristina es que uno ha disfrutado tanto lo ocurrido el sábado pasado. Toda la ceremonia estuvo cargada de mucha emoción, ya que no solo se trataba de una Presidente asumiendo su nuevo mandato, sino que, además, quedaban flotando en el aire muchas y significantes cuestiones.

Haber llegado a esta instancia significó para Cristina (y para muchos de nosotros) haberse sobrepuesto a los ataques constantes de parte de una prensa canalla, una prensa que utilizó sus tapas y sus periodistas a sueldo para atacar un modelo que les es ajeno. Demasiado popular, demasiado nacional, demasiado democrático. Ellos, y muchos votantes, prefieren a gente más cool, como “el Inge Mauri”. Él, como su amiga Susana, lee prolijamente sus discursos para no equivocarse, no sea cosa que por pensar por cuenta propia diga algo inconveniente. Sus votantes, y esa prensa hegemónica que lo cuida como a un bebito, lo alaban; les encanta que, habiendo asumido su nuevo mandato, se haya ido de fiesta al Colón con su selecto y exiguo grupete de amigos chic, dejando atrás al pueblo. Un claro ejemplo de lo que es una “fiesta para pocos”. Son votantes acostumbrados a ver lo bien que viven otros en esas revistas de divulgación de lo vacuo.

Y a este panorama hay que sumarle la eventual traición de quienes, en principio, deberían formar parte del mismo modelo, pero que, por buscar intereses personales, serían capaces de vender a sus mascotas. Ese es el caso de algunos sindicalistas que están viendo perder su papel preponderante de manos de Cristina. El pueblo trabajador vislumbra que es ella quien está devolviendo derechos obreros sin la necesidad de que algún “gordo” saque pecho. Como sabemos, cuando los deseos de posiciones personales se priorizan por sobre los del pueblo las consecuencias son catastróficas, por eso me animo a decir que este personaje del sindicalismo, y me refiero a Hugo Moyano, dejémonos de eufemismos, terminará sus pretensiones políticas como el resto de quienes se opusieron ciegamente a Cristina. El pueblo ya no mastica vidrios.

Así que los próximos cuatro años serán de “sintonía fina”, pero con rémoras de viejos tiempos. Las embestidas ahora se podrán resistir desde otra posición, ya que las urnas han dejado en claro lo que la gran mayoría del pueblo quiere. Espero sinceramente que en estos años el pueblo siga creciendo, que siga volcándose hacia el análisis de lo que la tapa de un diario quiere realmente decir cuando dice lo que dice. También espero que de a poco se vaya construyendo una oposición seria y democrática en el país. Por lo que se puede ver hoy, estamos todavía lejos de ese nivel de oposición, deberemos seguir esperando. Algunos parecen que no han aprendido de los errores de otros.

Mientras tanto, sigamos disfrutando de esta nueva era en la que el país ha entrado de manos, nada menos, que de una mujer. Disfrutemos que aquí los chorros de agua se tiran para refrescar a la gente que se reúne a bailar en la plaza, mientras que en otros países esa misma agua se usa para reprimir estudiantes. Celebremos que aquí hay política, mientras en todo el mundo se están haciendo cargo los tecnócratas. Nosotros mismos, hace tan solo 10 años, estábamos pidiendo “que se vayan todos” mientras que hoy celebramos a los que están y se desloman trabajando.

A los de la oposición les pedimos que no se vayan, que se queden; que tomen responsabilidad y trabajen. Agradezcamos que aquí haya “agradecidos” en lugar de “indignados”. Agradezcamos que tengamos una Presidenta que no ha dejado de trabajar ni siquiera cuando tuvo que despedir a su compañero de toda la vida. Una mujer que comparte la fiesta con todo el pueblo; aunque, yo presumo que muchas veces, mientras el pueblo disfrutaba en la plaza, ella estaría llorando en familia. Y para quienes le pusimos una ficha a Cristina cuando estaba muy mal visto, nos queda solo esperar. Esperar que pasen estos cuatro años, y empezar a pensar en el 2019.

Ricardo Gómez ricardomardel@yahoo.com.ar

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