La relación madre hijo y la pared

Escribe desde Argentina:

Ricardo Gómez

Me confieso fanático de Pink Floyd. Los que me conocen lo saben, y saben también que me hubiera gustado haber podido participar de algunos de los incontables shows que Roger Waters está brindando en Buenos Aires. Quedará para otra oportunidad, por ahora solo me referiré a una parte poco conocida de la vida del mencionado cantante, autor y propietario de los derechos de The Wall.

Como todos saben, esa obra musical y visual tiene mucho de autobiográfico. Para eso hay que comprender algunas cuestiones que afligieron y mucho a Roger en su niñez. Su padre falleció en la Primera Guerra Mundial cuando él tenía apenas meses de vida. La posguerra en Inglaterra fue atroz, y las actitudes de la sociedad inglesa de ese tiempo no ayudaban en nada. El clima de ahogo era asfixiante para gran parte de la juventud inglesa (y mundial) pero mucho más para el joven Roger, poseedor de una sensibilidad particular, quien arrastraba un peso que no podía explicar: la muerte de su padre. Según sus propias palabras:

“El trauma de haber perdido a mi padre es un ladrillo que cargaré hasta la tumba. A principios de la década del 2000, durante la guerra de Bosnia, escribí un poema que se llama ‘One River’, donde aún se nota que la conexión con mi padre sigue siendo muy fuerte”.

Durante toda su juventud Roger tuvo que cargar un sentimiento de culpabilidad persistente por la muerte de su padre. Obviamente él no había tenido nada que ver con el deceso, aun así sentía dentro de su ser la culpa de la ausencia de su padre. Le tomó muchos años e innumerables sesiones de psicoanálisis entender qué había pasado.

El 14 de octubre de 2009, Mary Waters, madre de Roger, falleció a los 96 años de edad. Hasta los 92 años siguió ejerciendo como maestra en su natal Cambridge, trabajaba con personas que tenían dificultad con la lectura. En la obra The Wall, su madre fue una figura central. Desde siempre su madre ejerció un poder asfixiante en el joven músico, pero no precisamente para alentar su creatividad, sino todo lo contrario:

“Ella no estimuló nunca mi creatividad, jamás le importó la música o el arte. A ella sólo le interesaba la política. Tenía una definición muy personal acerca de qué estaba bien y qué estaba mal”.

Esta relación opresiva le ocasionó problemas serios en sus relaciones:

“Los problemas que tuve en mi vida se relacionan con las mujeres. Inicialmente, la mayor parte de mi vida crecí en una casa donde sólo existían mujeres, no tuve una figura masculina. Estuve todo el tiempo en los brazos de mi madre y de sus amigas. Me volví dependiente de las mujeres y siempre busqué patrones que me hicieran sentir dependiente de ellas, eso me llevó a tener malas relaciones. Después de haber tenido muchas terapias psicológicas y tres divorcios, desarrollé una fortaleza que consiste en aceptar las críticas, admitir otros puntos de vista sin ponerme a la defensiva. Aprendí a escuchar a las mujeres, no puedo enojarme o entristecer si piensas que soy una mala persona, me llevó mucho tiempo llegar a ese estado mental y en conocer mis sentimientos”.

Pero la mayor revelación que haya recibido este joven cantante fue descubrir el origen de ese sentimiento insano de creerse culpable por la muerte de su padre:

“Mi madre quedó destruida por la muerte de su esposo. Para ese entonces yo tenía solo meses de edad, y, obviamente, nada comprendía sobre lo ocurrido. Sin embargo, mi madre pasó gran parte de mi niñez llorando sin consuelo por la muerte de mi padre, incluso mientras me amantaba. Cuando fui niño no solo recibí la leche de mi madre, sino también todo su resentimiento a través de ese acto tan íntimo como es darle el pecho a un bebé. Esa fue la razón por la cual crecí con el peso incomprensible del sentimiento de culpabilidad en referencia a la muerte de mi padre.”

Luego vendrían los procesos creativos tendientes a “exorcizar” todas esas falencias maternas. Haber creado una obra maestra de la música y de lo visual como es The Wall es, ni más ni menos, un escape a esos fantasmas que lo persiguieron desde que era un bebé. Paradójicamente, todos nosotros hoy disfrutamos las consecuencias del sufrimiento del joven Roger.

La relación madre hijo no es para tomarla a la ligera. Los nuevos psicólogos y estudiosos del tema hacen cada vez más hincapié en la importancia de crear lazos duraderos en ese primer período de conexión entre la madre y su hijo como es la lactancia.

La Licenciada Gretel Anelis Rabczak, psicóloga Infanto-Juvenil, afirma en su artículo “La importancia del vínculo temprano madre-hijo”

“Durante mucho tiempo se pensó que la relación entre la madre y el bebé era una relación de “mano única” en donde el bebé aparecía como un objeto pasivo de la escena, siendo la madre (o el adulto) quien ejercía y provocaba las acciones y reacciones en el mismo, guiando y modelando la vicisitudes de su crecimiento. Sin embargo, y especialmente en los últimos 30 años, los estudios sobre la psicología y neurofisiología de los bebés así como del vínculo entre ellos y sus madres, han demostrado que muy por el contrario, los bebés son parte protagónica de esta relación.

Desde entonces se sabe que los mismos son capaces de generar reacciones y provocar respuestas a sus demandas por parte del adulto, influenciando a su entorno tanto como ellos son influenciados. Diversos estudios mostraron que las actitudes y conductas de los padres variaban en función de las características propias de cada bebé (sexo, maduración, edad, etc); así como también que cada bebé presentaba grandes diferencias individuales en su modo de vincularse e interactuar con su madre (lo que un autor como Winnicot dio a conocer como “gesto espontáneo”)

“Un pediatra con el que trabajaba decía con gracia: “¿Que hacen los bebés? Comen, cagan y duermen..!” Si, pero no todos de la misma manera.! Es allí donde se va filtrando la particularidad de ese vínculo esencial y que constituye la base de todas las futuras interacciones. De allí que destaquemos la importancia de este periodo de la vida que a simple vista parece de una naturalidad obvia y sin embargo es tan sensible y esencial que trastornos en estos tiempos tempranos dan lugar a situaciones críticas en el desarrollo y evolución de un niño, situaciones que detectadas a tiempo revierten un mal mucho mayor. Es parte de nuestro trabajo como agentes de la salud ayudar a los padres y sus hijos en intentar que estos procesos no se detengan.”

En estos tiempos que corren muchos adultos exigimos enérgicamente que se respeten nuestros derechos. En el marco de esas exigencias hemos conseguido derechos que tienden a igualarnos legalmente en la sociedad de derecho. Es posible que no estemos teniendo en cuenta a quienes luego deberán cargar con las mochilas de nuestros actos. Quizás por pensar exclusivamente en mi derecho esté influenciando negativamente a quienes deban cargar en el futuro con esas decisiones. Estas historias se deben contar, se deben saber y comprender a fin de tener una mirada más amplia sobre las consecuencias de las decisiones que tomamos. Y también se debe educar seriamente a cada mujer para que aproveche ese momento único, absolutamente irreemplazable que tiene en su vida, una actividad que envidiaremos por siempre los hombres: amamantar a un hijo.

Ricardo Gómez ricardomardel@yahoo.com.ar

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