La Propaganda, ayer y hoy

Escribe desde Argentina: Ricardo Gómez

Introducción

La Propaganda es un ardid utilizado desde los albores de la historia para lograr escalar posiciones en la opinión pública, y lejos de menguar está siendo usada hasta el hartazgo. No son técnicas nuevas, razón por lo cual uno creería que ya deberíamos tener el entrenamiento suficiente para detectar sus manejos, pero créame que no es tan sencillo. Recién hoy día estamos desvelando viejas maniobras perpetradas miles de años atrás, y aun así algunos estudiosos se resisten a creer en los manejos de la Propaganda.

¿Qué es la Propaganda y para qué sirve? Según el análisis de Richard Alan Nelson en su libro A Chronology and Glossary of Propaganda in the United States, 1996:

“De forma neutral, la propaganda es definida como una forma intencional y sistemática de persuasión con fines ideológicos, políticos o comerciales, con el intento de influir en las emociones, actitudes, opiniones y acciones de los grupos de destinatarios específicos a través de la transmisión controlada de información parcial (que puede o no basarse en hechos) a través de los medios de comunicación masiva y directa”

Para completar la información veamos qué dice la Wlkipedia sobre la Propaganda:

“Se articula a partir de un discurso persuasivo que busca la adhesión del otro a sus intereses. Es de carácter monológico y requiere el recurso del anuncio. Su planteamiento consiste en utilizar una información presentada y difundida masivamente con la intención de apoyar una determinada opinión ideológica o política. Aunque el mensaje contenga información verdadera, es posible que sea incompleta, no contrastada y partidista, de forma que no presente un cuadro equilibrado de la opinión en cuestión, que es contemplada siempre en forma asimétrica, subjetiva y emocional”

Como comprenderán, hay muchísima información en referencia a las características de la Propaganda, pero creo que la idea ya quedó planteada en esta breve introducción. Quien quiera más información podrá encontrar los enlaces dentro del texto.

La Propaganda y los cristianos

Se puede citar como ejemplo de Propaganda la padecida por los cristianos en Roma. En sus comienzos, los llamados “proto-cristianos” debieron padecer una tenaz persecución de parte de la mayoría de los dirigentes romanos, cacería que comenzó puntualmente con Nerón. Los casi 400 años que duró su esclavitud marcó a fuego la historia cristiana, y llenó sus hojas de mártires o “testigos”. Si bien es cierto que los romanos no eran santos, tampoco se trababa de energúmenos que disfrutaban viendo como los leones deglutían personas. Los romanos eran un pueblo muy tolerante con todas las religiones, el rechazo hacia el cristianismo no estaba basado solo en lo religioso, sino en el hecho de que esta no era meramente una “nueva creencia” sino más bien un “nuevo sistema de vida” Esto representó un riesgo para el estilo de vida romano, así fue como los cristianos se convirtieron en un chivo expiatorio ideal, y por eso la Propaganda negativa que se difundía por entonces hacia esa “secta de nazarenos” era tan virulenta. Los rumores eran tantos, y tan horribles que hasta aseguraban que se comían a sus propios hijos.

Y no solo de rumores sobre canibalismo se culpó a los cristianos. En la noche del 18 al 19 de julio del año 64 d.C., Roma, la Ciudad Eterna, se convirtió repentinamente en un mar de llamas. Gran parte de la metrópoli quedó destruida como consecuencia de las llamas provocadas por un pavoroso incendio. Cuando se alude al inductor del fuego se menciona siempre el nombre del emperador Nerón, aunque en el momento en el que se inició no se encontraba en la ciudad. No obstante, son muchos los historiadores que están convencidos de que se trató de un incendio como cualquier otro, que comenzó en los alrededores del Circo Máximo y devoró la ciudad debido a las malas condiciones de las viviendas. Pero la población exigía un culpable, como siempre ocurre, así que la catástrofe se utilizó como desencadenante para la persecución política de los cristianos, a quienes se les achacó la culpa. Ese fue el inicio de la persecución de los primeros cristianos en Roma. El hecho de ser Roma una nación politeísta atacando a una minoría monoteísta no era menor, y culparla de todos los males demostró lo útil que puede ser la Propaganda cuando se usa en el momento oportuno y desde una posición predominante.

Parte de la táctica propagandística es la utilización de escribas con cierto prestigio que orienten al vulgo acerca de si sus acciones están bien o mal. Si una pluma genuina y famosa nos dice que lo que estamos haciendo está justificado nuestras débiles conciencias tienden a ser laxas y permisivas. Así opinaba Tácito en su recordada obra “Anales” sobre los cristianos:

“Y así Nerón, para divertir esta voz y descargarse, dio por culpados de él (del incendio), y comenzó a castigar con exquisitos géneros de tormentos a unos hombres aborrecidos del vulgo por sus excesos, llamados comúnmente cristianos. El autor de este nombre fue Cristo, el cual, imperando Tiberio, había sido justiciado por orden de Poncio Pilato, procurador de la Judea, y aunque por entonces se reprimió algún tanto, aquella perniciosa superstición tornaba otra vez a reverdecer, no solamente en Judea, origen de este mal, pero también en Roma, donde llegan y se celebran todas las cosas atroces y vergonzosas que hay en las demás partes. Fueron, pues, castigados al principio los que profesaban públicamente esta religión, y después, por indicios de aquéllos, una multitud infinita, no tanto por el delito del incendio que se les imputaba, como por haberles convencido de general aborrecimiento a la humana generación. Añadióse a la justicia que se hizo de éstos, la burla y escarnio con que se les daba la muerte. A unos vestían de pellejos de fieras, para que de esta manera los despedazasen los perros; a otros ponían en cruces; a otros echaban sobre grandes rimeros de leña, a los que, en faltando el día, pegaban fuego, para que ardiendo con ellos sirviesen de alumbrar en las tinieblas de la noche. Había Nerón diputado para este espectáculo sus huertos, y él celebraba las fiestas circenses; y allí, en hábito de cochero, se mezclaba unas veces con el vulgo a mirar el regocijo, otras se ponía a guiar su coche, como acostumbraba. Y así, aunque culpables éstos y merecedores del último suplicio, movían con todo eso a compasión y lástima grande, como personas a quien se quitaba tan miserablemente la vida, no por provecho público, sino para satisfacer a la crueldad de uno solo”

Cayo Cornelio Tácito

De esta forma se acreditaban “oficialmente” los horrores de que eran víctimas los cristianos. Al igual que Tácito, eran muchos los escribas que apoyaban las acciones de Nerón, instando al pueblo incluso a no sentir pena por la muerte de algunos cristianos. La verosimilitud, como puede verse, depende del ojo que observa según sus bases ideológicas, razón por la cual los dichos de Tácito leídos hoy carecen de validez, como la historia misma se encargó de demostrar.

Los pueblos bárbaros

Siguiendo con los romanos como ejemplo, se puede ver la utilización de la Propaganda que hicieron con sus vecinos, los pueblos Bárbaros. ¿Quiénes eran los bárbaros? La mayor parte de los pueblos así llamados eran de origen germano o escandinavo; entre ellos se encontraban los godos, que se dividían en ostrogodos —o «godos del este»—, cuyo dominio se extendía del Mar Negro al Báltico, y visigodos —«pueblo valiente»—, que emigraron de sus terruños en el centro de Europa Oriental al sur del Danubio, los burgundios, establecidos en las fronteras del Imperio Romano, los francos, procedentes del norte del río Rhin, y los vándalos, alanos y suevos, que ocupaban el territorio comprendido entre los ríos Danubio, Rhin y Elba.

Quedémonos con los Vándalos. Entre los pueblos bárbaros, los vándalos son los que peor reputación adquirieron. En el idioma castellano, la palabra vándalo puede referirse tanto al pueblo germano como a un “hombre que comete acciones propias de gente salvaje y desalmada”. Las cualidades guerreras de esos hombres les permitieron instalar su eficaz dominio en la población romana de África; incluso expandirse y enviar una incursión para saquear Roma en el año 455 guiados por el fundador del reino Vándalo, Genserico. Esa invasión les costaría caro, ya que, lejos de terminar dominando al pueblo invadido, fueron asimilados por este. Muy pronto los vándalos se acomodaron a la manera romana de vivir: se afeitaron la barba, frecuentaron el circo y las termas, los guerreros se casaron con romanas, los hijos iban a la escuela del gramático, su lengua desapareció poco a poco y así fueron desapareciendo.

En “Roma y los bárbaros. Una historia alternativa” (editorial Crítica), Terry Jones (miembro de Monty Python) y Alan Ereira desmontan la idea de que los bárbaros eran unos salvajes y Roma significaba la civilización. Con frecuencia, señalan, era justo lo contrario, pero los romanos dominaron el mundo y, gracias a una eficaz propaganda, impusieron su versión hegemónica.

Según afirma Terry Jones en su libro:

“La característica que confería a Roma su singularidad no se debía ni a su arte ni a su ciencia ni a su cultura filosófica; no estribaba en su observancia del derecho ni en su preocupación por la humanidad ni en su delicada cultura política. De hecho, en todas esas materias, los pueblos que conquistó no sólo la igualaban, sino que incluso la superaban. El rasgo privativo de Roma radicaba en el hecho de poseer el primer ejército profesional que haya conocido el mundo”

Lo cierto es que debemos mucho más a los llamados pueblos bárbaros que a los hombres romanos que vestían la toga. Y el hecho de que aun hoy día sigamos pensando que los celtas, los hunos, los vándalos y demás pueblos eran bárbaros implica que todos nosotros nos hemos tragado el anzuelo de la propaganda romana. Todavía aceptamos que sean los romanos quienes definan nuestro mundo y nuestro concepto de la historia. Una vez instalada la versión oficial, puede perdurar miles de años erradicarla.

Saqueo vándalo en Roma, 455. Por Heinrich Leuteman

No obstante, y a pesar de la Propaganda hegemónica, en los últimos 35 años se ha empezado a modificar esta historia tan tenazmente arraigada. Los descubrimientos arqueológicos han arrojado nueva luz sobre los textos antiguos, y esto ha propiciado nuevas interpretaciones del pasado. Hoy se sabe que el Imperio Romano detuvo en seco, durante cerca de 1.500 años, numerosos avances científicos y matemáticos en curso, y que en épocas mucho más recientes ha sido preciso volver a aprender y a descubrir buena parte de lo que ya se sabía y se había logrado antes de que Roma se alzara con el poder.

Y continúa:

“Por extraño que parezca, el miedo parece haber desempeñado un papel clave en la historia de Roma. (…) Es casi como si la grandeza de Roma hubiera sido un producto de la paranoia y la desesperación. Otra circunstancia insólita es que podría darse el caso de que el principal acontecimiento de la historia romana, el que desencadenó esa paranoia, no hubiera existido nunca -quizá no pasara nunca de ser una leyenda-. Fuera cierto o falso, lo que sí ocurrió es que el gran historiador romano Tito Livio (59 a. C.-17 d. C.) lo hizo constar por escrito, y que a partir de ese momento su narración se convirtió en el texto histórico estándar que había de quedar impreso en la mente de todo romano. Así es como los romanos aprendieron a temer a los bárbaros”

Roma estaba pasando por momentos muy complicados, tanto política como socialmente. La invasión bárbara le vino como anillo al dedo para justificar su caída (que sería aprovechada por los cristianos) y, de paso, estigmatizar a los pueblos germanos para toda la historia. Gran parte de la “historia oficial” romana se debe a que los manuscritos con los que los historiadores se han manejado durante siglos fueron seleccionados a dedo por los primeros copistas católicos medievales. La Iglesia católica hizo todo cuanto pudo para reorganizar a su antojo los pueblos y la historia. Fue la Iglesia la que decidió qué documentos habrían de perdurar y cuáles no. Por consiguiente, nos encontramos con el hecho de que la imagen del pasado se nos ha transmitido de un modo muy peculiar y antojadizo.

La Propaganda hoy

Tanto los primitivos cristianos como los pueblos germanos sufrieron la Propaganda caprichosa de parte de un pueblo que por entonces dominaba toda la región. Esa Propaganda afecta aun hoy nuestras vidas, razón por lo cual es justo preguntarnos qué características tiene y cómo es utilizada esta Propaganda en nuestros días.

Lejos de las togas y las pallas, hoy la Propaganda se disemina por vías más acordes a la era tecnológica. Los medios de comunicación cumplen un rol principal en estas propagaciones. Desde los medios de comunicación se nos dice qué está bien y qué está mal, así como qué debemos consumir y a quiénes debemos amar u odiar. La alta concentración económica y la falta de controles de los distintos Estados cómplices han permitido que los medios de comunicación adquieran cada vez más y más medios, consiguiendo así posiciones predominantes sobre aquellos otros medios sin la misma capacidad económica. Cuanto más poder económico posee un multimedio, más peligroso se torna para la sociedad en la que se incuba.

En Argentina padecemos al monopolio Clarín, quien ha sabido adueñarse a lo largo de su historia no solo de incontables medios de comunicación, sino también de la fabricación del papel con el que todos los diarios del país imprimen sus ediciones. Esta competencia desleal se había mantenido oculta solapadamente del conocimiento general, hasta ahora. Cuando el gobierno de los Kirchner rompe relaciones con el monopolio de Magnetto se abre una brecha a través de la cual quedó al descubierto un sinfín de atrocidades. Desde este blog se ha escrito mucho sobre ese tema.

Quienes siguen el derrotero de las tapas del matutino de forma especializada, han notado que el diario de los Noble perdió el rumbo hace mucho. Yo aportaría que más que perderlo lo redireccionaron. Cada tapa, cada centímetro del periódico está dirigido a sembrar miedo y descontento en la población. Así como en su momento hicieron los romanos, desde las páginas del Clarín se nos brinda un país que solo existe dentro de los límites del mismo diario, y depende de su particular visión del mundo. Como pasó antes, el miedo provoca reacciones, y esas reacciones no siempre son buenas. Si no me cree siéntese unos momentos a observar los spots publicitarios de los candidatos opositores con vistas a las próximas elecciones presidenciales. Cada uno de ellos hace mención a los mismos factores acuñados en las entrañas del monopolio:

*Acabar con la inseguridad.

*Terminar con la crispación.

*Terminar con el hambre.

*Formar gobiernos de coalición que “hablen con todos”

*Terminar con la corrupción.

Si todas estas cuestiones fueran ciertas se deberían postular para presidentes mundiales, ya que menos que eso sería un desperdicio de potencial que sufriría toda la humanidad. Lo cierto es que sin ese país irreal que presenta Clarín desde sus tapas y alimenta cada día, hoy no tendríamos candidatos opositores que disputen la presidencia. Todos giran en torno a los reyes de la Propaganda y son unidos, amalgamados  por ella como una fuerza invisible.

Los escribas actuales no usan toga, sino más bien caros trajes y vestidos y tienen abultadas cuentas en Suiza en dólares. A pesar de esas diferencias de imagen y de billetera, su finalidad es la misma. Ayer desde las plazas, y hoy desde coquetas oficinas de Puerto Madero, los escribas son fieles corresponsales del Establishment, y casi todo lo que escriben es para reafirmar el curso que previamente orientara el dueño del monopolio. Quizás dentro de algunos cientos de años los eventuales lectores de Joaquín Morales Solá o Jorge Lanata, por citar solo a dos de los modernos escribas, sientan la misma revulsión que sentimos nosotros al leer un texto de Tácito. Desde luego somos varios quienes ese asco lo sentimos a la fecha.

Tuvieron que pasar muchos años para que finalmente los historiadores pudieran avizorar que la historia no siempre era como la habían contado los que poseían el poder hegemónico. Para muchos analistas es difícil de digerir aun hoy que la historia siempre depende de quien la cuente. Quienes otrora fueron bárbaros hoy quizás no lo son, y quienes se habían alzado históricamente como los reyes de las civilizaciones resultaron ser unos manipuladores. Hoy en día resulta mucho más sencillo entender estas tácticas, siempre y cuando el receptor tenga la intención primaria de desconfiar de lo que le transmite el emisor. Eso implica madurez y discernimiento, actitudes estas bastante exiguas, por cierto. Es mucho más cómodo esperar que desde el matutino de Magnetto la información nos llegue ya digerida a tener que hacerlo por “motu proprio”.

Solo la aplicación exitosa de la Propaganda puede explicar un fenómeno como lo es el hecho de que alguien procesado por escuchas ilegales, como el Ingeniero Mauricio Macri, haya sido electo para gobernar nuevamente la ciudad de Buenos Aires, una metrópoli que se jacta de poseer los intelectuales más destacados del país. Es evidente que la Propaganda sigue dando resultado. El Ingeniero está envuelto en innumerables causas judiciales, docenas de hospitales sin gas y demás hechos que enviarían a cualquier político a un retiro en los cuarteles de invierno. Pero el Ingeniero es protegido cuidadosamente por el monopolio Clarín, ya que es su candidato. En virtud de esto, todas sus tropelías son ocultadas arteramente. ¿Es esto culpa de Clarín o de la falta de criterio de los que creen las mentiras y ocultamientos del monopolio? Se podría decir que para que alguien insista en una mentira debe tener un interlocutor válido. Sin la gente creyéndole a Clarín, difícilmente podría mantener sus falsedades.

Quizás nos tome otros tantos miles de años entender cómo funcionan estas cosas, quizás somos demasiado lentos, a pesar de vivir en la era del 2.0. Desde algunos medios seguiremos tratando de explicar lo inexplicable, padeciendo a diario el casi infranqueable cerco informativo que ha diseñado Clarín muy astutamente con la complicidad de sus lectores. Es una lucha desleal, despareja, y quijotesca, pero se debe dar. Mientras algunos fueron a votar desinteresadamente por Macri los chicos se mueren de frío en sus hospitales, y eso se debe decir. Posiblemente a esos personajes les importen muy poco esas cosas, total, chicos se mueren todos los días. Incluso es probable que esas muertes sean culpa de Cristina, ya vio como son las cosas hoy por hoy. Según la particular visión que Clarín tiene de la vida, Cristina es la culpable de todo. Incluso el pasado fin de semana perdió las elecciones en la ciudad de Córdoba, aun cuando no presentó candidatos. Y después se enojan cuando decimos que Clarín escribe textos de ficción.

Le dejo la inquietud. Busque en los libros de historia, averigüe, analice. Imagínese a usted mismo cien años en el futuro interpretando la historia pasada con un Clarín sobre la mesa. Si Argentina fuera lo que ellos nos muestran, casi no habría esperanzas. Coteje esa actitud editorial con la Propaganda que hicieron los romanos miles de años atrás. Busque referencias, no se quede con una sola versión. Si hace todo eso quizás haya esperanzas.

Ricardo Gómez ricardomardel@yahoo.com.ar

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6 thoughts on “La Propaganda, ayer y hoy

  1. Muy buen articulo, felicitaciones! desde USA, siempre leo Clarin y la Nacion, asi que con estos datos tuyos puedo tener otra optica…

    1. Gracias a vos Marcelo por pasar. Hay que ser muy cuidadoso con lo que absorvemos de los medios. Nunca apoyar la censura, pero sí estar alertas. Un gran abrazo para vos y para los tuyos.

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