Adolescentes… adolescentes (2)

Escribe desde Argentina:

Licenciada Mirta Zangaro de Moisano(*)

Lic. Mirta Zangaro de Moisano
En la primera parte de este artículo fueron citados los tres grandes duelos por los que atraviesa la adolescencia:
      Duelo por el cuerpo
      Duelo por la identidad infantil
      Duelo por los padres de la infancia
Lo cierto es que la aparición de los caracteres sexuales secundarios, es la referencia desde la cual se producen los cambios psicológicos, y aquellos que implican otra forma de actuar en la sociedad, una nueva adaptación al mundo que lo rodea. En su nuevo rol las formas de presentarse, de comportarse a la mesa, la vestimenta que ha de usar, y cada conducta que ejecute será vista y juzgada por la sociedad desde otro enfoque, pues ya no se trata de un niño. Con la aparición de la menstruación y del semen hay una importante definición sexual y asimismo de rol que deberán asumir y reconocer la responsabilidad que les llega con la procreación.
Durante la segunda mitad del primer año, el niño va descubriendo sus genitales y va haciendo además, la búsqueda simbólica de la otra parte, de la pareja, a través de la actividad del juego con objetos animados o inanimados del mundo exterior, que podría tener como finalidad la desaparición de la fantasía de los dos sexos en él mismo. Es dentro de este aspecto que surge una actividad masturbatoria a fin de descargar las tensiones genitales y además siente la omnipotencia de negar que se necesite del otro para completar la unión.
En la pubertad aparece nuevamente esa actividad masturbatoria intensa con el mismo sentido de negación maníaca y fantasías de unión.
En la niñez las fantasías se enfocan hacia los parentales y el coito continuo en la interpretación de la escena primaria, el adolescente suele fantasear sobre el objeto amoroso elaborando la necesidad de pareja que por medio de la actividad masturbatoria negaba.
A medida que va elaborando el duelo por la infancia y el cuerpo perdido, va aceptando las nuevas condiciones que su organismo y la sociedad le imponen, pero al mismo tiempo pueden observarse defensas que tienen la tarea de negar una pérdida tan valiosa y esta realidad suele manifestarse en la consulta cuando el adolescente dice tener menos edad o representarla:
-Sí, tengo 16, pero siempre me dicen que parezco de 14.
-Tengo 15, pero aún uso el mismo estilo para vestirme que a los 13. No me gusta hacerme la agrandada, pasar por adulto. No me gusta pintarme, no uso tacos y uso ropa que me disimule el busto, me da vergüenza que se marquen los senos en la blusa…
Cuando llega la menstruación y aparece el semen, se producen estados de despersonalización, hay angustia, todo ello por la no aceptación del propio cuerpo y su evolución dentro de las leyes de la Naturaleza, y a pesar de todas sus defensas debe aceptar la prueba de realidad de su propio crecimiento y comienza su calvario, pues tiene que comportarse como es su cuerpo, que ya no es el cuerpo de un niño, sus padres ya no son los padres de un niño y su cama, su ropa, sus adornos y todo lo que lo identificaba como su mundo infantil, ya nada le pertenece, todo irá al rincón de los recuerdos.
Cuando los cambios corporales son demasiado rápidos se produce una situación asimétrica entre la aceptación psicológica del yo y el crecimiento, y aparecen estados de angustia paranoide, pues el yo se siente invadido. Dentro de esta situación también están quienes no se sienten fuera de la infancia y niegan su capacidad procreativa:
-Yo no la embaracé, soy muy chico para eso, sólo me acosté con ella, pero no tengo capacidad para gestar.
En este caso no pretendía huir de la situación específica, no deseaba reconocer que había crecido y se comportaba en los grupos con conductas infantiles aunque también lo atraía la relación con el otro sexo. Al ir reconociendo el nuevo rol, fue asumiendo la responsabilidad en la relación sexual, pues se va conformando su identidad.
Surgen muchas crisis en ocasión de eludir la depresión como consecuencia de sus duelos, como doble personalidad, la mala fe, identificaciones proyectivas masivas, crisis de despersonalización, pero todas ellas son crisis circunstanciales siempre y cuando el adolescente tenga la capacidad de elaborar estos duelos convenientemente.
En el psicópata, en el psicótico y en algunos neuróticos esta tarea con los duelos fracasa y por ende no es posible en ellos llegar a la identidad adulta sin dejar de manifestar los síntomas mencionados, sin modificación.
Cuando el adolescente adquiere su identidad, habita su cuerpo, lo acepta, lo usa según el sexo, pues la conducta genital no sólo se expresa durante una relación sexual sino en todas las actividades, esto no sucede con el psicópata siendo que el fracaso dado en su identidad sexual se manifestará también en todos los sectores de su desempeño.
En la estructuración de este nuevo yo corporal comienzan también aquellas preguntas que son básicas en todo adolescente y que van desde ¿Quién soy? A pensar si sigue siendo el mismo a través de los cambios, pues si su cuerpo cambió el Yo, es el mismo o no?
Sin embargo, es preferible que todo continúe como el proceso descripto a que el joven presente una adultez temprana, una identidad adulta que no sería la propia sino ser a través de alguien, lo cual significaría un debilitamiento en lo que debería ser su identidad, lo cual significa un llamado de atención a los padres para que consulten.

El adolescente es un ser humano que produce una ruptura con el mundo exterior no porque esté enfermo, sino porque la cantidad de cambios en su propio cuerpo y las que ha de sustentar en la sociedad, le despiertan la inseguridad consecuente de aquel que desconoce aún el camino que prefiere refugiarse en su mundo interno, un mundo seguro y conocido donde no siente temor, donde no hay nada nuevo.

(*) La autora es Licenciada en Psicología

Fuente: Contacto 11

Ricardo Gómez ricardomardel@yahoo.com.ar

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