Adolescentes… adolescentes (1)

Escribe desde Argentina:

Licenciada Mirta Zangaro de Moisano(*)

Lic. Mirta Zangaro de Moisano
Adolescencia es un término que generalmente lo interpretamos como falta o carencia, pero que en realidad significa crecimiento. No deseo ahondar en el idioma, sino referirme a ese proceso del desarrollo humano, ciertamente difícil para la juventud, y también para muchos padres que les cuesta asumir comprensivamente esa etapa de cambios no sólo continuos sino veloces..
Desde la opinión de Anna Freud se puede rescatar cuan alto es el nivel de dificultad para establecer el límite entre lo normal y lo patológico en la adolescencia, pues la norma es la conmoción y lo anormal es la estabilidad,  que al decir de Knobel el  “síndrome normal del  adolescente” es perturbado y perturbador para el  adulto, pero imprescindible para que pueda cumplir con el objetivo de establecer su identidad y comenzar a vivir su adultez.
En esta etapa él sabe que ha de retirarse de una infancia en la que se desenvolvía con comodidad, donde poco debía esforzarse en su condición de dependencia de los originarios, donde le son cubiertas todas sus necesidades, tanto las biológicas como aquellas de carácter emocional, donde los roles ya tenían su perfil claramente delineado. Ha de cambiar todo ese mundo de confort  con dolor profundo, es el luto que le significa despedirse de su cuerpo infantil y observa impotente los cambios que en él se producen recurriendo largas horas al espejo para acostumbrarse a esa nueva imagen.
-Vení, dale, sacate una foto con nosotros…
-¡No, no me saco fotos!
-Pero hija, ¡ese flequillo te tapa hasta los ojos!
-Bueno… mejor ¿no ves que soy fea?
-Pero mamá… ¿cómo pudiste regalar mi osito? Yo duermo con él.
El hijo adolescente varía su estado entre una dependencia y una independencia extrema, el necesario equilibrio lo asumirá cuando su madurez le permita aceptar que puede moverse en forma independiente pero que siempre tendrá una dosis de dependencia. En general pasa por fuertes contradicciones, se encuentra confuso y a medida que va perdiendo su identidad de niño, va buscando una nueva identidad que le cuesta encontrar pues sus cambios son continuos.
Hay un despertar hormonal tanto en hombres como mujeres que ya le hablan a los padres de sexualidad y esto es no sólo difícil para el joven, sino también para los padres, pues se encuentran de repente con hijos cuya capacidad de disfrutar de la relación de pareja y de reproducción ya está en el escenario de sus vidas.
También este despertar en su amplio campo resulta contradictorio, por un lado hay un luto por su vida infantil en tanto cuerpo y psiquis, y por el otro lado observa que salir al encuentro del Objeto de amor externo es placentero y le permite experimentar distintas sensaciones.
Él ya sabe que debe desprenderse de los padres de la infancia, es inevitable para su crecimiento, y esa lucha es tan dolorosa que suele parapetarse en el mal humor y en minimizar todo lo que digan los padres, exaltando en cambio lo que vive con sus pares. Los pares son los que tienen entonces una fuerte influencia sobre el adolescente, él se siente tan mal y entre ellos se cuentan las formas de resolver sus cuestiones de” gran incomprensión en el hogar”. Es que en cierta forma al mundo de los adultos le cuesta aceptarlos pues reeditan ansiedades básicas que habían logrado controlar hasta cierto punto.
Vemos al adolescente en una etapa de cambios, en conflicto, frente a un mundo que reprime, que lo puede llevar a una psicopatía, pues con represión y agresión el adulto sólo crea más violencia ya que el joven no tiene su experiencia para defenderse de los impactos de esa realidad frustrante.
Es en cambio la sociedad quien utiliza mecanismos esquizoides haciendo que de su propia y pasada juventud,  una parte se caracterice como todo lo malo, entonces tiene un aval para permitir esa agresión del mundo  con características sado-masoquistas.
Nadie nace siendo padre, a todos nos costó y nos cuesta ese rol, pero en esta era sumamente tecnológica, usemos sus herramientas con inteligencia para ubicarnos mejor y con mayor comprensión con nuestros hijos, busquemos las respuestas que necesitamos para conocer y diferenciar entre este “síndrome del adolescente” y una patología.
Pero también sepamos marcar límites, lo cual podemos hacer mejor si tenemos comprensión de la tarea a realizar. Si él está confundido y nosotros entramos también en serios conflictos y agredimos en forma permanente, comienza a fracasar  su tarea y la nuestra. No es el hecho “ser el amigo” del hijo, un padre debe morir siendo padre, dice Winnicott. Es tener la satisfacción de acompañarlo en su crecimiento, en señalarle los peligros del mundo adulto que aún desconoce, es dejarle ciertas responsabilidades demostrando confianza en él, es aceptar sus errores y explicarle que así también se aprende, que él no es ningún torpe por que se equivoque, es acompañarlo en el proyecto del Ideal del YO, respetarlo y así lograr que nos respete. Ser una buena imagen para internalizar y si lo hemos formado con amor y cuidado en la niñez, será un adulto que contemplará al mundo con esperanza, trabajo y seguridad en sus conductas.
(*) La autora es Licenciada en Psicología

Ricardo Gómez ricardomardel@yahoo.com.ar

Deja un comentario

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s