Reflexiones ante la vida y la muerte

Escribe desde Argentina: Ricardo Gómez

Por esas cosas del destino y la genealogía, los tres primos formamos en nuestras juventudes un triunvirato demoledor. Eran épocas más simples, sin tanta tecnología, y, como consecuencia de esa carencia, la imaginación nos invadía y los juegos nos formaron para llegar a ser lo que fuimos más tarde. Largas horas pasamos junto a los demás vecinos jugando en calles sin inseguridad, ajenos por completo a los vaivenes erráticos de la política, la religión la inflación y otras yerbas. No había tiempo para esas cosas, había que imitar a los superhéroes, cantantes, actores y demás sujetos públicos que por entonces nos llegaban gracias a una televisión muy distinta a la de ahora.

Los tres, Miriam, Walter y yo, nos divertíamos con nada, solo con la imaginación. No precisábamos de ningún artilugio demasiado sofisticado para entretenernos. Claro que en nuestros teatros improvisados la de perder la llevaba Walter. Quizás por ser el menor, quizás porque era el más bueno, o quizás porque tanto Miriam como yo éramos unos turros sin redención. Lo cierto es que al pobre primo le tocaba siempre ser el villano en el reparto de roles. Con dicho papel solo podía cobrar, a veces de mentira, aunque a veces se ligaba algún que otro mamporro. Habiendo cobrado salía corriendo entre llantos en busca de su madre, quien nos retaba por no cuidar del chico. Obviamente, tanto Miriam como yo negábamos los cargos casi al borde de la ofensa y la injuria, como si avizorásemos para nosotros algún futuro en la política.

Fueron años gloriosos, al menos para nosotros. Luego vendrían los tiempos de separación, ya que mis padres decidieron emigrar a Mar del Plata en la búsqueda de otros horizontes y oportunidades. Esa decisión me dejó sin los seres a quienes yo más quería, que eran como mis hermanos. Para colmo, siendo hijo único, esta decisión me sumió en un profundo aislamiento. Me costó muchos años superar esa falta, ese desarraigo doloroso. Pero, como siempre ocurre, no todo es dolor en la balanza de la vida. Había un período de tiempo que me daba la ilusión de retornar a esas épocas perdidas: las vacaciones. En los veranos mis primos venían a Mar del Plata a pasar algunos días, iluminando así por un tiempo mi vida aciaga.

Esas vacaciones darían para escribir un libro, aunque para eso debería solicitar ayuda a Miriam, mucho más memoriosa que yo para esos asuntos. Mar del Plata sufrió nuestro azote durante varios años, hasta que finalmente fuimos creciendo y formando nuestros propios caminos en la vida. Si bien es cierto que ya han pasado muchos años, esas experiencias me han marcado a fuego. Quizás eso explique el motivo por el cual la desaparición física de Walter me haya golpeado como lo hizo.

Ya hace cinco meses que no está, y recién ahora me siento a tratar de exorcizar las oscuridades de mi alma. Soy creyente, cristiano e incluso he pasado muchas horas de mi vida explicando a otros la existencia del Mundo Espiritual, donde se supone vamos al morir. Sin embargo, la partida de Walter me demolió como nunca podría haberlo imaginado. Durante los primeros meses simplemente lo guardé en algún sitio cómodo y oscuro de mi corazón para que no moleste, pero, para poder seguir adelante, debo sacarlo afuera.

Llegué a entender que estas cosas no se pueden analizar solo desde la lógica, no todo se puede razonar o mensurar. Mi tendencia natural es analizar todo de forma esquematizada, pero en este asunto me quedé en posición adelantada, y nada de lo que sabía me aligeraba la pena. Era como pretender que la muerte solo se aplicase y cayera bien a los mayores de 90 años, y no a cualquiera que esté jugando este juego peligroso al que llamamos vida. Nunca caería en la trampa en la que caen algunos que critican a Dios por estos acontecimientos, ya que sobre ese tema no tengo dudas. Ellos critican la muerte, pero no agradecen la vida. Son eternos acusadores de Dios ante todo lo “malo” que les pueda ocurrir, reservándose para sí los méritos de todo lo bueno que les pasa.

Pero aun escribiendo esto no logro tranquilizarme del todo, solo consigo sacarlo afuera. Quizás el sufrimiento sea el camino más rápido para entender a Dios, ya que Él mismo ha sufrido de forma indecible a lo largo de la historia. Si entendemos que Dios está dentro de cada uno de nosotros, es fácil deducir que está en el corazón del que muere, pero también está dentro del que queda y padece esa muerte. Estuvo en el corazón de Su hijo, a quien mataron solo por decir cosas buenas, así que, ¿sería justo contarle acerca de mi dolor? ¿Acaso no conoce Él lo que eso significa?

Cinco meses pasaron desde que Walter pasó al “otro lado” Desconozco los detalles de ese “barrio” pero sí sé que algún día todos estaremos allí. Indefectiblemente nos encontraremos en un futuro (lejano, espero) los tres nuevamente. Luego de un abrazo que podría durar años volveremos a retomar las viejas andadas. Algunas cosas nunca cambian, así que seguramente daremos vuelta el Mundo Espiritual con nuestras tropelías. No digan que no les avisé.


Miriam la más grande, le sigo yo a su izquierda con flequillo y Walter a upa

Ricardo Gómez ricardomardel@yahoo.com.ar

Si te gustó el blog hacé click en el botón +1 de Google

Anuncios

4 thoughts on “Reflexiones ante la vida y la muerte

  1. Aunque sea para estar presente y ser depositario de eso que estás sacando afuera, quisiera acompañarte, Ricardo, en tu sentimiento y servir al menos como una mínima contención emocional, que espero sea útil para ayudar a tranquilizarte un poco más. Un abrazo, hermano y amigo del alma!

    1. Gracias, Juan. Tenía sólo 44 años mi primo cuando nos dejó, son las cosas de la vida. Para colmo, no pude decírcelo a mi madre ya que ella es su madrina, y si se lo digo la pierdo a ella. Todo este tiempo he tenido que llevar ese sentimiento sin poder exteriorizarlo.
      Como siempre, un gran abrazo, y gracias por pasar y por estar.

    2. ¡Hola Ricardo! Me llenó de emoción el artículo, sera que con el paso del tiempo me estoy poniendo más sencible (….) También debo reconocer que la excelente redación de testo, ayuda y mucho, solo eso. (Da gusto leer algo bien escrito ante tanto SACRILEGIO a nuestra querida lengua en todos y cada uno de los escritos, habidos y por haber, dentro de nuestra propias filas….en fin) No tube el gusto de conocer a Walter, pero me transmitiste algo similar, en un grado muy infimo, que me motivo a responderte. (Y te aseguro que soy muy vago para escribir) A la distancia, estoy con tigo. Saludos a tu querida Flia.
      Alfredo Corales

      1. Gracias, Alfredo. Sí, tenés razón, el lenguaje está siendo bastardeado a mansalva por los de “adentro” y por los de “afuera” A mi me duelen los ojos cuando leo informes con horrores de ortografía, más aun cuando Windows trae un corrector que es de mucha ayuda. Pero bueno, si ese fuera el único problema…
        Gracias por los conceptos y por haberte tomado el trabajo de escribir, sé que no lo hacés habitualmente, y eso es para tener en cuenta.
        Walter era un ser excepcional, y nos dejó con solo 44 años. Hasta que nos veamos nuevamente será cuestión de recordarlo.
        Te mando un gran abrazo para vos y para tu hermosa familia. Gracias por pasar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s