La importancia de tener un líder

Escribe desde Argentina: Ricardo Gómez

Con motivo de la trágica e inesperada desaparición del ex Presidente de la Nación, el Doctor Néstor Kirchner, un aluvión de opiniones se han vertido en todos los medios informativos durante estos días. Las que a mi más me tocaron fueron aquellas expresadas por los jóvenes seguidores del difunto ex mandatario. En un alto porcentaje hacían referencia a que “habían perdido a un líder inigualable”. En concordancia con esto, muchas otras personalidades del quehacer nacional utilizaron esa misma trascripción fonética para definirlo. La pérdida del líder los imbuía a todos en una desazón tal que solo podía ser limpiada con las lágrimas que fluían de sus ojos.

Es verdaderamente peculiar la importancia que tiene en la sociedad la figura del líder. Este debe tener ciertas características para poder ser considerado de esa forma. Por lo que decían los jóvenes estos días, estaban agradecidos porque su líder había tomado decisiones que seguramente no habían resultado sencillas de tomar. Casi todos coincidían en los mismos hechos históricos en la vida del ex Presidente:

Haber bajado los cuadros de los genocidas videla y vignone.

Recuperar el terreno que había sido usurpado por las AFJP.

Haber enfrentado a los monopolios mediáticos.

Haber propiciado la unidad latinoamericana, etc.

Los acongojados seguidores aseguraban que haber tomado esas difíciles medidas, sumadas a otras que sería largo de enumerar, lo habían posicionado como un líder para ellos y para quienes coincidían con esos ideales. Haber enfrentado esos poderes aparentemente intocables a lo largo de la sinuosa historia Argentina emocionó a muchos. Debo reconocer que a mi mismo, sin ser kirchnerista, se me escapó un lagrimón cuando observé que bajaban los cuadros de los genocidas ya mencionados.

Y es cierto, ya que para ser un líder y que otros lo consideren de esa manera se debe poder tomar decisiones, caso contrario no se puede aspirar a ser alguien que guíe a los demás. Y esas decisiones deben ser siempre tomadas pensando en el bien mayor, en la totalidad. Un buen padre debería ser un mini líder de su familia. Una madre debe ser una mini líder de su familia. Pensar siempre en la totalidad antes que en el bien personal. Muchas de las medidas sociales tomadas por el líder kirchnerista seguramente irán a parar a mesas radicales, socialistas y de otras creencias partidarias. Sin embargo, las decisiones se deben tomar igual, siempre pensando en todos.

Lamentablemente lo que abunda hoy por hoy son otra clase de líderes. Son de esos que solo piensan en que las decisiones que toman los dejen bien parados a ellos. No les importa demasiado el resto, solo piensan en que sus palabras y sus promesas queden bien en los titulares de esos pasquines monopólicos que los cobijan y cubren con complicidad. Saben ellos y sabemos nosotros que lo que anuncian a viva voz es impracticable y que jamás se podrá poner en marcha, más aún habida cuenta que algunos de esos falsos líderes ya pasaron por la Casa de Gobierno, y créame que fue peor que si hubiéramos dejado al mando a una docena de cerdos corriendo juguetones por los pasillos. El desastre que hicieron en este país aún hoy se siente; no obstante, intentan hacernos creer que ahora son buenos líderes. Esa es la razón por la cual algunos “periodistas independientes” (me río de solo escribirlo) se muestran quejosos cuando este Gobierno menciona permanentemente el pasado. A los señores no les conviene que el pueblo tenga memoria.

Otros exponentes se la dan de líderes con algunos, por lo general los más humildes, aunque no tocan jamás a los poderosos. Son buenos para tomar decisiones donde saben que no serán objetados. Así es fácil posicionarse como líder. No les cuesta mucho, solo se dejan llevar por las cambiantes circunstancias cual grisácea hoja de otoño. Si aquí no pueden hacer valer su posición de supuesto liderazgo se mueven para allá, fluctuando como inerte polvo en el viento. Van a tientas buscando donde poder ejercer su mandato. Tanto buscan que terminan lastimosamente por no mandar en ningún sitio. Tarde o temprano, más temprano que tarde, pierden su posición y son reemplazados o absorbidos por quienes son más efectivos y diligentes en ese cargo. Obviamente que estos falsos líderes no quedarán en la historia como debieran, sino que serán olvidados con prontitud, igual que aquélla grisácea hoja que pasó volando una tarde de otoño.

Quizás lo que más me quede sobre todo este doloroso asunto del fallecimiento de Néstor Kirchner sea la importancia que tiene para la sociedad un buen líder. El problema aquí es que el líder de un partido es considerado de esa forma solo por quienes profesan esas convicciones partidarias, más no así por quienes están en la vereda de enfrente, ideológicamente hablando. El paso siguiente sería convertirse en un líder para todos y cada uno de los ciudadanos, más allá de los sectarismos. No creo que resulte sencilla esta tarea, ya que la tendencia es dividir y parcializar en lugar de unificar. Habrá que abrir los ojos y los corazones para buscar dentro de esta convulsionada humanidad a quienes puedan ofrecernos un liderazgo global, un líder que pueda ser como un padre para cada uno de nosotros.

Ricardo Gómez ricardomardel@yahoo.com.ar

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