Igualdad

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Un cuento escrito desde Argentina por: Ricardo Gómez

Dejo este escrito con el deseo de que sea de utilidad para las personas que puedan llegar a leerlo. Estoy solo, cercado por ruinas humeantes y ocasionales explosiones, alarmas y aullidos que suenan a lo lejos. La historia que les contaré es verdadera. De hecho, si usted está leyendo estas líneas, deberá creerlas. Presumo que no existen en la actualidad muchas personas aparte de mí que puedan negar los hechos que relataré. Aunque seguramente existirán otros como yo desperdigados por la ciudad, quizás tratando de sobrevivir, al igual que yo. Con cualquiera de ellos que hable oirá el mismo testimonio con pocas variantes. Todo empezó hace unos cinco años, cuando, finalmente, el sueño de Fox Mulder se hizo realidad y sobre el cielo azul aparecieron un grupo de sendas naves blanquecinas.

Para muchos, recuerdo, fue una terrible decepción. Durante numerosos años se nos habían presentado a los extraterrestres como seres extraños, viajando en platos voladores de riguroso color plateado. Lejos de eso, las naves se parecían mucho a nubes, y se confundían con facilidad con las mismas. Tal vez por eso nos conocían tanto. Es probable, imagino ahora a la luz de la vela, que nos hayan estado observando durante siglos sin que nos hayamos percatado siquiera. Es curioso que hayamos estado tan absortos en nuestras cosas sin notar a los visitantes observándonos a pocos kilómetros de altura. Nunca nos explicaron cómo funcionaban esas naves gaseosas, o si solo era su forma de esconderse, no llegamos a conocerlos tanto. El punto es que los seres en cuestión un día decidieron darse a conocer. El recuerdo de ese día me roba una sonrisa, aun en medio del caos que me rodea. Verlos descender de las nubes fue la gloria para millones de cristianos, quienes empezaron a exclamar a viva voz: “!teníamos razón, teníamos razón, vienen a llevarnos!” Difícilmente se podía estar más equivocado.

No me parecieron, a primera vista, muy poderosos ni muy espectaculares. Eran personas como cualquiera de nosotros, solo que descendían de naves camufladas como nubes y vestían túnicas blanquecinas. Tal vez por eso la confusión de algunos religiosos. Casi todos lucían barbas de diversos tamaños y dentro de la variedad de los grises. Se comunicaban haciendo uso del lenguaje igual que nosotros, en ese sentido sí se comportaron acorde a los miles de cuentos que leí en mi juventud en los que los extraterrestres hablaban, convenientemente, el idioma de la gente en la tierra, por lo general el inglés, sin mucha dificultad y por obra y gracia de la fortuna. En este caso sorprendieron hablando un español bastante fluido ya que, según ellos, era el idioma más hablado del planeta. Con ese solo dato hicieron las delicias de muchas personas. Se ubicaron eficazmente sobre los lugares con mayor cantidad de población, y desde allí se comunicaron a todas partes. En Sudamérica eligieron a Brasil y Argentina, desde donde escribo, mientras que en Norteamérica eligieron San Francisco. Algunas más se posicionaron sobre Japón, Corea y otros sitios que ahora no recuerdo, sepa disculparme.

No parecían tener una nave más importante que otra, como solía verse en las historias de ese tipo. No había, al parecer, una nave nodriza; o, si la tuvieron, nunca nos enteramos. Su llegada me arrebató de mi rutinaria vida de oficina, y me dio un motivo, conjuntamente con mis otros compañeros, de poder salir a ver el sol en pleno horario laboral. Una vez que se hicieron visibles no llegaron a tocar el suelo, sino que captaron la atención de todos y luego volvieron a sus “nubes” desde las cuales comenzaron a transmitir sus mensajes. Esto causó, como imaginará, miles de horas de transmisiones televisivas y opiniones de todo tipo. En mi caso, al principio me sentí un poco harto de que no se hablara de otra cosa, aunque reconozco que el tema lo merecía holgadamente. Así fue que a los pocos días de haber llamado la atención con su espectacular entrada comenzaron a dirigirse a la población mundial. Lo hicieron en español, como ya dije, el cual era traducido de forma instantánea a todos los idiomas que se hablaban en el planeta. Recuerdo ese día como si fuera hoy. Nos reunimos en casa frente al televisor para ver el comunicado como si fuera la llegada del hombre a la luna. El primer comunicado fue más o menos para mediados de junio del año 2073, y recuerdo la enorme satisfacción del pueblo hispano al no tener que participar de semejante hecho histórico teniendo que oír a un traductor. Por fin una para nuestro lado, había dicho mi padre. La voz se oyó con claridad, y el mensaje era, palabras más, palabras menos, el siguiente:

Decían conocernos muy bien. Nos habían observado durante miles de años, y ponían toda su sabiduría a nuestra disposición para que pudiéramos solucionar todos nuestros conflictos. Miles de años de evolución nos eran ofrecidos. Ellos habían comenzado su prosperidad cuando la Tierra aun no se había enfriado, y ahora ese conocimiento nos era ofrecido con inusual generosidad. Luego de un preámbulo de más de media hora, el vocero dijo que debíamos unirnos como si fuéramos miembros de una sola familia. Pero, para llegar a ese nivel, debíamos pensar de la misma forma todos los habitantes de la Tierra. “Igualdad”, nos repitieron en varias partes del comunicado. Debíamos, en primer lugar, igualarnos a nivel mundial como sociedad. Ellos proponían que todos debíamos hacer el esfuerzo de equipararnos con el vecino, para que nadie tuviera más que el otro. También propusieron igualdad de pensamiento, ya que, según ellos, esto era fundamental para poder empezar una nueva civilización. Dicho esto, se llamaron a silencio, esperando los pasos que nosotros, los humanos, tomaríamos para encontrar la tan mentada igualdad.

De todas las calamidades que esta humanidad ha atravesado a lo largo de la historia, esta propuesta podría ser de las peores. La idea de los seres de túnica y barba era buena, pero llevarla a la práctica resultó en un infierno. Una vez presentada la idea de los alienígenos se realizaron enormes reuniones mundiales con representantes de todas las razas y etnias conocidas, religiones, pensamientos liberales, y toda clase de “ismos” conocidos. Estas mega reuniones, que se prolongaron por espacio de casi cuatro años, terminaban, en el mejor de los casos, en batallas campales. Los angloparlantes dijeron no confiar en los visitantes. No dieron razones firmes para la desconfianza, aunque todos intuimos que era porque los ancianos se presentaron públicamente hablando el idioma de Cervantes, y no el de ellos. Los representantes de las distintas religiones expusieron cada uno su parecer, y ninguno logró superioridad de criterio sobre los demás. Para muchos era inconcebible que aparecieran seres foráneos ajenos a la historia humana tomándose el derecho a guiarnos, cuando ese rol era claramente propiedad de otro tipo de seres. Esto provocó el rechazo de los ateos, quienes sostenían que la nueva sociedad debía dejar atrás las creencias paganas. Ya se imaginarán el caos que estas reuniones generaban.

Las familias tradicionales aseguraban que la nueva sociedad debía fundarse con la imagen de la familia conocida por todos. Esto no les gustó a los que habían formado familias atípicas, como se los conocía. Habían peleado durante años para sentirse iguales a las familias heterosexuales, y no estaban dispuestos a perder ese derecho. Propusieron una sociedad en la que cada uno se juntase con quien quisiese, sin censura. Desde luego, esto no halló consenso en el ámbito de las familias tradicionales, le llamaron “anarquía” a la idea y todo finalmente terminaba casi siempre en batallas más allá de lo ideológico. A ese conflicto se sumaban las distintas “tribus urbanas” todas enfocadas en que la nueva sociedad fuera de personas idénticas a ellos. También se anotaron los distintos partidos políticos, quienes vieron en la colosal movida una oportunidad de prevalecer sobre los demás partidos. Claro que todos querían lo mismo, así que la situación se complicó antes que mejorar. Incluso aparecieron partidos políticos que solo habían causado muerte y espanto, pero que, según ellos, tenían la llave para lograr la igualdad. Lo más curioso fue ver aparecer en escena a un grupo de señores autoproclamándose como “buscadores del placer” No eran ni más ni menos que pedófilos, pero, al ver que todos daban la cara juntaron coraje y se mostraron como una opción válida.

Podría decirse, para resumir la idea, que cada persona creyó tener la clave para lograr la unidad de criterios y la igualdad. Cada uno de nosotros, incluso yo mismo, creyó que los demás debían rendirse a nuestro propio criterio y apoyarnos en esta nueva Cruzada. Esto solo ocasionó más conflictos y más divisiones de las que preexistían. Hasta ese entonces los conflictos no parecieron pasar de meras disputas ocasionales, pero cuando nos llegó el ofrecimiento de adquirir tanto poder y sabiduría, ahí mostramos de qué estábamos hechos. Así fue que los grupos armados, obviamente con todo lo necesario para llevar a cabo su plan, la emprendieron contra todo aquél que pensara distinto. El Estado de Derecho desapareció por completo. Esto provocó que los movimientos paramilitares, adormilados dentro de la burocracia y el cómodo capitalismo, salieran a las calles con nuevos y renovados bríos. La ciudad quedó pronto sitiada, y salir a la calle resultó muy peligroso. Como directa consecuencia de esto, los ciudadanos nos armamos con lo que pudimos y salimos a las calles en búsqueda de alimentos y algún que otro televisor en 3D. No solo de pan vive el hombre.

Esta situación se multiplicó por todo el mundo en forma exponencial. Al poco tiempo, no recuerdo si al año o año y medio de comenzados los conflictos, se cortaron todas las transmisiones, tanto radiales como televisivas. Esto ocurrió como consecuencia de conflictos entre los multimedios, ya que cada uno de ellos quiso poseer la exclusividad de las trasmisiones relativas a los visitantes y sus naves. Desde luego, no había ninguna legislación al respecto, motivo por el cual empezaron a boicotearse unos a otros. Lo que empezó como un picaresco corte de cables y pinchadura de neumáticos se transformó en una guerra declarada. Al principio fue gracioso verlos criticarse entre ellos. Casi todos los programas de un multimedio estaban dirigidos exclusivamente a contradecir a los otros multimedios. En una primera instancia prevalecieron aquellos grupos que tenían amistades forjadas con los militares en épocas pasadas, pero luego el Poder Castrense cortó drásticamente esas relaciones carnales de cuajo, ya que los consideró lisa y llanamente una competencia más. La mayor parte de las emisoras de radio formaban parte de algún que otro conglomerado multimediático, así que casi al mismo tiempo perdimos la televisión y la radio. Así fue como nos quedamos sin noticias.

Todo se tornó en caos y violencia, creo que se le dice anarquía. Lo que se inició como conflictos dentro de un territorio, se trasladó de a poco más allá de las fronteras. Todos pelearon por disponer de esa sabiduría que los haría superiores a los demás. Algunas naciones tenían más experiencia en esto de atacar a otros países, y pronto los más débiles sucumbieron ante los más poderosos. Durante un par de años, creo, todo se había centrado en América del norte, ya que aquí no quedó casi nada. Nosotros no necesitamos invasiones extranjeras, fuimos muy capaces de aniquilarnos unos a otros sin ayuda. No recuerdo si fue desde América del norte que se lanzó la primera bomba, tampoco recuerdo quiénes fueron los que les respondieron, recuerde que no disponíamos de información verídica, lo cierto es que de repente un día todo se iluminó y cambió para siempre. Podría decirse que ahora vale todo, cada uno que sobrevivió busca su propio alimento entre las ruinas. Cuesta mucho encontrar qué llevarse a la boca, casi todo está contaminado. He visto, no aquí donde estoy escondido ahora sino más al norte, a personas comiéndose entre ellos. Nunca imaginé ver estas cosas, es como si nos hubiéramos convertido en animales. El brillo en sus ojos no es natural, es como si se hubiera apagado y remplazado por una luz mortecina, desesperanzadora.

Los seres y sus nubes estuvieron casi todo el tiempo observándonos. Nunca más se hicieron oír, al menos no de forma pública. Aparecieron miles de ciudadanos diciendo que eran canales a través de los cuales los seres se comunicaban, pero nadie les creyó. Le confieso que no son pocas las noches en las que me pregunto si realmente nos hubieran dado toda su sabiduría o si todo aquello no fue nada más que una estratagema para ver cómo nos aniquilábamos unos a otros. Nunca sabremos si desde sus naves nos miraron matarnos con sorpresa y pavor o si se revolcaron de la risa, esperando que quedasen pocos sobrevivientes para venir a establecerse. A esta altura ya no sirve hacerse problema, ya es tarde. Le pido disculpas, posible lector, si mi redacción no es la mejor. Yo era oficinista, vendía artículos de uso doméstico por teléfono, todo lo relacionado con la escritura me es ajeno. Espero que si usted me sobrevive y lee estas palabras escritas en este sucio papel reflexione sobre lo aquí relatado. No le pido que crea todo lo que le conté, ya que las nubes con los seres ya no están desde hace mucho, fueron reemplazadas por otras nubes grises producidas por la radiación. Solo eso le pido, que reflexione. Si lo piensa bien, finalmente los que sobrevivimos hemos conseguido esa tan buscada igualdad. Bajo la lluvia ácida nos parecemos todos. Ya no tenemos diferencias que nos separen, estamos juntos inmersos en el mismo destino. Al fin somos todos iguales.

 

Ricardo Gómez ricardomardel@yahoo.com.ar

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