La otra mirada

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Escribe desde Argentina:
Lic. Mirta Alicia Zangaro de Moisano(*)

Lic. Mirta Zangaro de Moisano

Muchas veces nos encontramos sujetos a pensar en la forma que los demás nos dictan. Hay costumbres sociales que son sólo eso, nada más que costumbres, pero que determinan nuestra forma de pensar y por consiguiente nuestra conducta, nuestras defensas y nuestra forma de relacionarnos con el medio ambiente que nos rodea.

Dentro de las familias y recortando un poco más, dentro de las parejas, suelen manifestarse distintas personalidades que no están (no que no son…) dentro de una estabilidad emocional que les permita establecer buenos vínculos con su compañero o compañera de vida.

Supongamos el caso de la violencia familiar. Hay muchos estilos de violencia, entre ellos la tendencia bien marcada de algunos hombres en menospreciar a su mujer pero de una forma tan sutil, que va logrando a través del tiempo que ella se vea empobrecida, con una autoestima baja  y con una total dependencia del marido.

La forma de actuar de ellos es que la esposa bien amada logre verse en ese espejo que él fabrica, para que luego sienta culpa de los fracasos en lo grande y en lo pequeño del diario vivir que le muestra ese espejo, que no es el de la madrastra de Cenicienta, éste no le va a responder qué bien que hiciste esto, ni tampoco que es la más linda…eso seguro.

Este tipo de personalidades es el que se encuentra en el marido que delante de todo el mundo dice: qué va a cocinar…, no sabe hacer nada…, no sabe administrar y por eso no le doy dinero, yo sé lo que a ella le conviene pues ella no se sabe desenvolver, aparte está gorda o es muy flaca, o es fea de cara, o no sabe caminar, en fin, mil cosas que parecen tan inocentes…! pero que se dicen adrede para lograr un objetivo: que ella piense que no sabe vivir sin él. Y dichas de tal forma… que si la mujer contesta ella queda como una persona de mal carácter que para el resto de la sociedad él es considerado como: ¡pobre hombre, lo que tiene que soportar…!

 

El tema de la violencia es sumamente extenso, hay tantas formas de violencia implícita como explícita. Por ello es que hay que hacer la otra mirada, para saber que la mujer está mal parada si se deja convencer por personajes como éstos, y actúa como el imaginario social le indica, o sea, para mantener su rol de buena señora, sacrifica su identidad como persona, su bienestar, y el matrimonio se convierte en ese “ya está por llegar, espero que le guste como hoy tengo la casa después de trabajar 10 horas afuera, cambiar los chicos, preparar los alimentos, y pintarme un poco para que me encuentre linda”. Pero él llega, ella preparaba un puchero y mientras fue a recibir a su esposo, algo de líquido de la olla salpicó la cocina. Sería lindo pensar que él diría “Mm., qué linda estás, no te preocupes, en cualquier casa esto sucede, dejá que yo sirvo y luego limpiamos juntos…” Pero no, él, como buena parte del maridaje pasa primero por la cocina a ver si los alimentos son los que corresponden a un rey, que eso es lo que él merece, mira la cocina salpicada y exclama despectivo: “¡claro, si vos te la pasás todo el tiempo pintarrajeándote frente al espejo, cómo va a estar la casa limpia! Ya mamá me decía que eras vaga.”

Esto no significa que la pareja resulte un completo fracaso si la mujer logra contemplar una realidad que siempre estuvo, estuvo desde el noviazgo, pero que ella en su idealización del otro, en el enamoramiento, no supo o se negó a ver y que ahora se le presenta con crudeza. Ubicarse en la realidad y pedir ayuda para ella, su esposo y los hijos si tuvieren.

Un matrimonio ha de verse como un total de significaciones que si bien unen a la pareja, permiten que cada quien mantenga su independencia pues no es la media naranja ya que si así fuera estaríamos frente a ese tipo de amores que se mantienen con uno mismo, sería que la persona se ama tanto que busca a un igual donde verse proyectada, y eso es bastante problemático pues uno y otro pueden evolucionar en forma distinta con el consiguiente desencuentro.

Cuando desde el noviazgo, que por algo está, se manifiestan sutiles formas de violencia como las citadas, cuando cuidan con exceso pues de a poco se van apropiando de su persona y lo demuestran con celos, no admitiendo mucho trato social en ella, menospreciando a la gente que la rodea, comenzando por la familia de ella, cuando él va envolviendo a la mujer con hilos tenues, invisibles casi, pretendiendo demostrarle que él es tan perfecto que otro así no puede encontrar, es el momento de dejar un poco de lado la parte emotiva y solicitar consejo. Antes se sabía acudir a la madre en situaciones tan íntimas, ahora se consulta generalmente con los pares. Pero sea la madre, la amiga, el religioso que la asesore espiritualmente, buscar otra opinión es lo mejor.

Hay cuestiones que son base de todo hogar y la principal es el amor que debe sustentarse en cada vínculo. Una madre cría y educa a sus hijos buscando lo mejor para ellos, no para que venga otro a maltratarla y a tratarla como si fuera un paquete de harina o un tarro de tomates. Eso es lo que tienen estos hombres, buscan a una mujer y le dicen que es especial, claro que es especial pues sacrifica por él la propia persona, primero para demostrarle cuánto lo ama y luego porque ella cree que sólo él puede querer a alguien que vale tan poco como ella. Es además problemático cuando durante el noviazgo se confunden los celos con el amor.

A veces por imprudencia, por la necesidad de independencia o de otras carencias afectivas, se apresuran los pasos del conocimiento mutuo y los jóvenes comienzan a convivir encontrando que la realidad era distinta a la esperada y que por un espejismo no supieron ver que su felicidad estaba en otro lado. En otras oportunidades se queda la mujer embarazada en momentos que no son los más aptos para esperar un nacimiento que no fue planeado con responsabilidad y respeto por la vida que llega, pero ambos deciden (o las familias) comenzar a cimentar un hogar, sin embargo al comenzar a convivir comienzan las discusiones y la violencia pues no se tomó el tiempo necesario para conocer las discrepancias ni se acordó un contrato coherente basado en el conocimiento mutuo en cuanto a lo que refiere a los valores y costumbres que hacen a la cultura familiar de origen. Finalmente se rompe la pareja y comienza la procesión de un niño que no fue consultado sobre su llegada a ese hogar determinado.

Siempre en referencia a la violencia, la realidad muestra que no es característica de los hogares pobres y marginados, hay violencia en las distintas clases sociales con diferentes grados de cultura y capacidad económica, sólo que en general se oculta más en las clases altas, donde puertas para adentro se desata el infierno pero socialmente representan un ejemplo de matrimonio y familia.

Se debe tomar conciencia  que en el acto violento en sus distintas etapas aparece el estallido, luego la luna de miel y vuelve a acumularse la tensión luego el estallido y así continúa, pero con la salvedad que cada vez son más las etapas de violencia que la luna de miel, y si la mujer no toma medidas puede llegar a situaciones límite.

En este caso en que nos hemos referido más a un tipo de violencia psicológica el hombre también abusa del poder que tiene sobre la víctima, es una relación asimétrica que la mujer piensa que no puede manejar, pero no es así, puede hacerlo. Es necesario que comprenda que la violencia en el hogar no es cuestión privada y que sólo a ellos les compete, sino que es un delito y se debe denunciar.

(*)La autora es Licenciada en Psicología y Escritora

Ricardo Gómez ricardomardel@yahoo.com.ar

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2 thoughts on “La otra mirada

  1. Que extraordinaria entrada, yo soy partidario de corazón de estos artículos, me encanta reirme , comentar, entra en la comicidad , jugar, bromear etc. Pero siempre en las arenas del respeto, hay personas que mal interpretan pero es exclusivamente por la falta de tino y de educación, lamentablemente el mundo es así. Pero tu artículo me deja sombrío y me tapa la cara de vergüenza por el poco respeto al sexo débil y menor de edad, me pongo de pie como dice mi amigo Carcuro comentarista deportivo chileno cono célebre frase futbolera.

    1. estimado sinBalas: el solo hecho que una personalidad como la suya, la cual descubro en cada una de sus presentaciones, me significa un honor, y si, todo es con respeto, lo cual no excluye un poco de sano humor. gracias.

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