Un milagro para Argentino

………
Un cuento escrito desde Argentina por: Ricardo Gómez

Una de las particularidades de las grandes ciudades es que por sus calles suelen correr rumores de historias inverosímiles. Por lo general son patrañas pergeñadas en algún cafetín de mala muerte por algún parroquiano sumido en los vahos de los alcoholes etílicos, pero en ciertas ocasiones algunas historias se graban en la memoria colectiva de forma permanente. La historia de Argentino nadie sabe si es cierta o no, pero anda por ahí suelta, yendo y viniendo con el viento, buscando corazones con ganas de recibirla. No debe tomarse como una verdad histórica. O sí.

Se dice que allá por los años 40 nació un niño en un populoso barrio. Nada del otro mundo, uno más entre tantos que ese mismo día verían la luz por primera vez. Sus padres lo cuidaron con amor y esmero, y le propinaron el nombre del abuelo paterno: Argentino. Con el correr de los meses notaron, no sin una profunda tristeza, que el niño no respondía a los estímulos de los sonidos. Realizados los exámenes pertinentes se dictaminó una sordera total. Aunque los familiares más cercanos y amigos de la pareja trataron de hacerles entender que eso no era la muerte de nadie, la joven pareja quedó sumida en la desazón. Para un pobre es difícil entender que esas cosas pasan a diario, lo más natural es elucubrar pensamientos tales como: “a nosotros nos pasa todo” Tal vez sea porque esas personas tienen los corazones anegados por tanto descuido permanente.

Profundamente creyentes, empezaron a orar diariamente para pedirle a Dios un milagro. Tanto el marido como la esposa se turnaban para pedirle al Señor que obrara un milagro en su hijo. Las oraciones eran profundas, y generalmente las lágrimas brotaban a tal punto que el piso de madera de la pieza ya había quedado con una marca que difícilmente pudiera salir. Cuando el padre estaba en el trabajo la madre oraba en cada momento libre que tenía, y al regresar él al hogar oraba en cada tiempo libre que tenía. El niño los miraba desde la cuna cuando no dormía, ajeno por completo a los pedidos de sus padres. A medida que los años pasaron la intensidad de las oraciones fueron disminuyendo. Suele ocurrir que cuando pedimos un milagro generalmente lo queremos lo más rápido posible.

Al cumplir cinco años decidieron hacerle a su hijo una fiestita junto a todos sus familiares. Hasta ese momento nunca lo habían celebrado, quizás por vergüenza, o quizás por razones económicas. Esa tarde de marzo los globos adornaban las paredes, y la torta, preparada por la madrina del niño, esperaba a ser cortada. Los chiquilines correteaban por toda la casa, mientras eran observados por el cumpleañero desde su sillita alta. Por fin llegó el momento de soplar las velitas. Acomodaron al chico frente a la torta y prendieron las cinco velas. El niño imitó a los padres y juntos soplaron generando humo y aplausos. Uno de los primos del chico, sin querer, hizo explotar un globo rojo a sus espaldas, hecho que hizo sobresaltar al cumpleañero. Todos se quedaron helados, el silencio podía cortarse con un cuchillo. La madre del niño lo llamó por su nombre fuera de su campo de visión. El niño se dio vuelta para verla, al tiempo que le estiraba los brazos para pedirle una siesta.

Argentino llegó así a los 12 años. Le costaba mucho tener una dicción normal, pero se le comprendía perfectamente. Sus padres lo habían retirado del colegio, ya que los niños y los adultos suelen ser muy crueles con quienes son distintos. Habían hecho pasar al niño por momentos desagradables. Así fue que Argentino pasaba sus días junto a su madre, quien hacía un esfuerzo para transmitirle conocimientos a su hijo que ni siquiera ella tenía. Podría decirse que aprendían juntos. Un día vino una de sus tías a ayudarlos a aprender algo de historia. Ella había sido maestra de un colegio de la zona, así que seguramente aprenderían mucho. Mate mediante, la tía Marta empezó a compartir sus conocimientos. Estaba en plena tarea cuando Argentino le dijo sin rodeos: “Mirta Contesi dice cosas feas de vos”

Marta se quedó quieta, por alguna razón las palabras no querían salir de su boca. Sus ojos parecían querer zambullirse de su cara por la sorpresa. La tía salió de la casa entre balbuceos inentendibles y lápices rodando por el piso. La madre del chico se quedó con el mate en la mano, mientras veía a su hermana llevarse la puerta de alambre fiambrera por delante, mientras continuaba diciendo cosas que solo ella comprendía. Miró a su hijo, quien seguía escribiendo con un lápiz negro repetidamente: “Mirta Contesi dice cosas feas de vos”

Aquello dejó a toda la familia en ascuas. La madre no entendió nada de lo ocurrido, y el padre, ausente durante el evento, entendía menos que nadie. Pero ese no sería el único evento extraño. A los pocos días Argentino estaba en la vereda con su madre comprándole frutas al señor que venía dos veces por semana con su carrito. Mientras su madre elegía la mercadería el niño miró a don Marco y le dijo: “Rosa dice que no se olvida de lo que usted le hizo” Las frutas que el anciano estaba pesando rodaron por el suelo adoquinado. El breve cigarro que asomaba por sus labios cayó al suelo, junto con la mercadería. De inmediato comenzó a farfullar palabras en italiano, mientras movía sus brazos como si fuera a levantar vuelo. La madre del niño no entendió, afortunadamente, las cosas que el anciano decía, solo atinó a juntar algunas verduras en su delantal y tomar a su hijo de la mano mientras se metía en la casa.

Como siempre ocurre, la voz se corrió como reguero de pólvora. Pronto todo el barrio decía que el niño estaba poseído por el demonio, o quizás algo peor. La familia trató de explicar que el niño solo decía palabras al azar, que todavía no sincronizaba bien su dicción, pero los testimonios de quienes habían padecido esas frases eran contundentes. Así fue que decidieron que Argentino no podía vivir más en ese barrio. La situación se tornó cada vez más violenta hasta que los padres tomaron al chico y se lo llevaron de la ciudad. Gran parte del pueblo acompañó, a cierta distancia, a la familia hasta la Terminal de trenes para asegurarse que subieran a la formación. Era un día de julio, muy frío y lluvioso, cuando la atribulada familia dejó todo atrás y emprendió una nueva vida lejos del barrio que los había visto nacer. Les dolió ver a sus vecinos mirarlos con odio, pero más aun les dolió ver a muchos integrantes de su propia familia entre la multitud.

No se sabe a ciencia cierta a dónde se fueron. Algunos dicen que se mudaron al gran Buenos Aires, pero son solo rumores. Otros aseguran que escucharon a un amigo de otro amigo decir que se tuvieron que mudar varias veces más, siempre debido a las inoportunas frases del niño. Lo cierto es que el pueblo de esta ciudad agradeció enormemente la ausencia de alguien como ese chico. Cada uno continuó con sus vidas, con sus secretos, con sus infiernos personales. A nadie le gusta que aparezca un desubicado un día cualquiera y le tire por la cara los secretos que con tanto cuidado se han escondido. Los padres del niño, cansados de tantas mudanzas, llegaron a preguntarse si había sido una buena idea pedir un milagro para Argentino.

https://i0.wp.com/www.fotoregalo.com/logos/ejemplos/blanco-y-negro/blanco-y-negro-2.jpg

Ricardo Gómez ricardomardel@yahoo.com.ar

Si te gustó el blog compartilo

Anuncios

8 thoughts on “Un milagro para Argentino

  1. Dicen que “en boca cerrada no entran moscas”. Hasta el Espíritu Santo “cubrió con su sombra” secretos que hasta hoy ningún cristiano puede imaginar siquiera. También está el famoso dicho: ojos que no ven corazón que no siente. ¿Será así?

  2. eS UN CUENTO DE EXCELENTE NARRATIVA, CON UNA PUNTUACIÓN PENSADA, la metáfora adecuada y diría que tie-
    ne todas las condiciones de un escritor. A veces
    no logramos ubicarnos en otr puesto en la vida
    más que en aquél que tenemos aprehendido.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s